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martes, 26 de octubre de 2010

Final Porque Dentro de Una Leyenda Siempre Hay Algo de Cierto

Bueno, bueno, bueno.. el fin.. espero que les guste.. espero que me dejen su opinión.. besitos..
"Porque dentro de una leyenda siempre hay algo de cierto"
Capítulo 7: Por siempre y para siempre
Siempre odie las fiestas, y más si eran masivas. Y, tómenlo como ironía de la vida, me encontraba en la fiesta de 17 años de la chica más popular de la escuela, Miranda Arancibia. Todo era lujo, y como no, todos vestíamos de forma formal.
Los zapatos de tacón me apretaban, pero no me podía salir así sin más. Le dije al chico con el que bailaba que tenía que ir al baño, y me hice paso entre la multitud, hasta que logré salir al balcón. Allí me descalcé y caminé hasta el borde de este, que, gracias al cielo, estaba vacío.
Respiré hondo, y miré al firmamento. Mi vida era una apariencia. Todo era una máscara. Era FALSO.
-¿Por qué no me hablas?- Su voz resonó por todo el lugar. Ahí estaba él, la persona a la que había estado evitando.
-¿Por qué TÚ me hablas? ¿No te hice ya suficiente daño?- respondí. Me giré, y lo vi. Su cabello azabache relucía con la luz que provenía de la luna.
-¿Daño?- Sí, Gabriel, daño. – No sé lo que eres, no sé lo que pasó la semana pasada, pero sí sé que me amas, y que yo te amo, y que eso me vale, con eso podemos ser felices- Sus ojos azules parecían de fuego. Pero no podía dejarme persuadir. Él no podía estar a mi lado, no podía hacer que tuviese el peligro rondándole. Lo amaba, y si tenía que mentir, asesinar o engañar por él, lo haría.
-Sí, daño. Pero te equivocas en algo. Yo NO te amo- le miré, y traté de que mis ojos fuesen de hielo, fuesen fríos, fuesen vampíricos.
Me di vuelta nuevamente, esta vez orientándome hacia el exterior del balcón, y miré la luna. Hacía tres días había estado llena, y con Charles no pudimos salir. No podíamos arriesgarnos a que Claudia y sus primos nos atacasen.
Suspiré. Quería ser normal, quería volver a ser esa humana simple, sencilla, una adolescente común y corriente. Quizás de esa forma yo podría hacer lo que hoy no puedo. Podría vivir con mi familia, salir con mis amigos, poder pololear con Gabriel… podría ser NORMAL.
-Puedes hacer que tus ojos son de hielo, pero te recuerdo que el hielo también puede quemar-. Su susurro en mi oído me provocó un escalofrío, y me intenté alejar de él, pero no me lo permitió.- Deja de fingir, Javiera. Sabes que lo que pasa entre nosotros no es una simple amistad.- A través de nuestros ojos, una especie de electricidad corría.
De a poco nos acercamos, y nos besamos. Fue un beso romántico, de esos de película. Nos separamos cuando el oxígeno nos hizo falta.
-Esto no está bien, esto no es correcto- murmuraba yo, mientras nuestras narices chocaban.
-Esto es lo que debemos y queremos hacer- me refutó él, también en susurros.
Una pausa se hizo presente, mientras nos mirábamos directo a los ojos.
Tenía que decírselo, si no sería muy tarde.
-Si te cuento un secreto, ¿me prometes guardarlo? No me importa si te alejas, lo entenderé, pero lo que si te pido es que no lo divulgues- Era hora.
Él tan solo asintió.
-Soy vampira- Él me miró sorprendido, pero no tanto como esperaba. Y la mayor sorpresa me la llevé yo.
Él me besó nuevamente, y me dijo:
-Vampira, fantasma o elfa, te amo igual- Lo miré extrañada. No era una reacción normal.
Él notó mi falta de entendimiento.
- Después de lo de la Clau, me esperaba cualquier cosa que justificara tu mordida- Le sonreí, y lo besé. Sabía que me quería, y que ME CREÍA.
Duraríamos lo que debiésemos durar.

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Y EL TIEMPO PASÓ, Y EL MALDITO MOMENTO … LLEGÓ.
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Sus ojos parecían dos hermosos zafiros, nublados por las lágrimas, gracias a la pena.
-Javi, por favor, no te vayas. No me importa lo que seas, yo siempre estaré aquí, para ti, tal como ha sido durante estos meses-
Una solitaria lágrima cayó por mi mejilla, mientras los recuerdos de los pocos momentos compartidos como algo más que amigos pasaban por mi mente.
-Sea quien sea, Javi, juro que te protegeré- Reí amargamente. Él no tenía idea de lo que significaban sus palabras: muerte. Y que el pereciese no era, para mí, una opción.
-No entiendes siquiera la magnitud de tus palabras, Gabriel. No conoces a tus enemigos, por lo que no hagas aseveraciones apresuradas, por favor, porque te podrían salir caro-
-Por ti haría lo que fuese. Por ti cruzaría océanos, montañas y el mismo cielo; por ti mataría a quien se me cru…- Lo callé colocando un dedo sobre sus labios. Si había algo que no permitiría sería que se pusiera a si mismo en peligro.
Vi como Charles se asomaba por la ventana del laboratorio de química, impaciente. Era hora. Ya había llegado el momento de dirigirnos a nuestro destino.
Miré una última vez a mi joven de cabello negro, y fijé mi vista en sus ojos. Por última vez.
- Llegó la hora de decir adiós, ¿No es así?- Asentí, tragándome un sollozo. Fijé la vista en él, despidiéndome de él con la mirada. No dijo nada. Sus orbes azules lo decían todo sin hablar.
Sin embargo, cuando me levanté a buscar mi mochila, él agarró mi muñeca, y con la mirada fija en el piso, me dijo:
-Recuerda que mi corazón está contigo. Hazme el favor de cuidarlo y protegerlo.- Una lágrima resbaló por su nariz y cayó directo a la madera de las gradas. Luego otra, y otra más.
Sabía que lo que diría yo nos dolería a ambos, pero si no lo hacía no le daría la oportunidad de vivir.
-Pues te lo devuelvo, para que se lo entregues a alguien que te valore y te merezca. Si me lo quedo, no tendrás la posibilidad de ser feliz. Te amo, pero no es excusa suficiente para el daño que ya te he causado. Hasta siempre, y para siempre, es todo lo que te puedo prometer-
Él me tomó la cara, la acunó en su mano, y nos fundimos en un beso. En nuestro último beso, el cual estuvo cargado de pasión y pena. Y tan rápido como comenzó, terminó.
Y mi pena no aguantó más y los sollozos se hicieron presentes.
Tomé rápidamente mi mochila, lo besé rápidamente en los labios, dándoles su último encuentro, y me alejé corriendo.
Sabía que me seguía, por lo que corrí más fuerte.
-¡Javiera! ¡Javiera, no te vayas! ¡Por favor!- Aquello fue lo último que escuché de la boca de Gabriel antes de meterme en el laboratorio donde Charles me esperaba.
Cerré la puerta con tal fuerza que casi la saco del marco.
-¿Todo listo, pequeñaja?- Asentí, tragándome las lágrimas- ¿Estás segura de todo esto? Está bien que yo odie esta vida, pero tú no tienes que hacerlo. Tú puedes ser feliz. No tienes que hacerlo por mí. No debes mori… -Mi mano cubrió su boca y detuvo su discurso. Lo miré a los ojos, y estoy segura de que lo que vio fue pura decisión.
-Cometimos el mismo crimen, merecemos el mismo castigo- Fueron las palabra que me sentenciaron.
Tan pronto como Gabriel dejo de insistir, y se marchó de la escuela, nos encaminamos a nuestro destino. Hacia el final de todo esto.

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No tenía miedo. Sabía que esto algún día pasaría. Era algo que tenía claro. Aunque era raro tener una pistola apuntándote al pecho.
Siete cartas. Siete cartas había dejado. Una para Amalia y Emilio, explicándoles lo sucedido, al igual que la de Romina y de Ignacio, y la de Claudia.
Una para mi hermana y otra para mis amigos, explicándoles la verdad, toda la verdad.
Una para el vampiro que nos había convertido hacía tiempo: Garret Carthweld, un sangre pura, primo de Amalia. En mi carta le agradecía por haberme salvado, pero le explicaba que yo no podía vivir con aquel cambio, y le explicaba mi decisión.
La última era la más corta, e iba remitida a…
De pronto, una voz interrumpió mis pensamientos.
-Señor Charles Peter Black y señorita Javiera Fernanda Agüero Gutiérrez, se les acusa de ser humanos convertidos en vampiros por un sangre pura, en distintas épocas y situaciones, además de beber sangre humana, sin tener en consideración lo que ello podía causar en el ambiente en el cual se desenvuelven ¿Cómo se declaran?-
Sin vacilar, respondimos.
-Culpables, su señoría.-
-Antes de declarar nuestro veredicto, una última interrogante: ¿Conocéis el nombre de vuestro… “creador”?- Ninguno de los dos iba a denunciar a Garret. Eso jamás.
-Lo lamentamos, su señoría, pero ni siquiera podemos describirlo físicamente- dijo Charles.
-Pues bien, no hay cuidado. Ahora, nuestros veredicto es: El señor Charles Peter Black y la señorita Javiera Fernanda Agüero Gutiuérrez son culpables de existir como humanos transformados y por no haberse anunciado antes ni haberse inscrito, además de haber consumido sangre humana en una situación de riesgo máximo. Se les condena a la muerte inmediata, sin derecho a apelación- Una vampira pelirroja de ojos negros anunció el veredicto.
En menos de un segundo sentí cómo la bala ingresó en mi pecho, destrozando mi corazón.
Lo último que mi cabeza procesó antes de apagarse fue una visión. Algo que pasaría en un futuro inmediato:
Vi cómo Gabriel abría la última carta que había escrito, la más corta. Esta rezaba:

Gabriel:
Cuida de mi alma y de mi corazón, porque los he dejado contigo por el resto de la eternidad.
Te amo, te amé y te amaré
No cometas una estupidez luego de que leas esto, pero he muerto, por ti, para poder estar junto a ti para siempre, sin restricciones.
Por siempre y para siempre, esa es mi última y mi más leal promesa.
Siempre, siempre tuya.
Javiera.

Y de pronto, todo se volvió negro, y mi cerebro se apagó. Para siempre.
Lo último que hizo mi cuerpo fue soltar un hilillo de sangre por mi boca. Simple Ironía de la vida.
Sonará macabro, pero no tuve mejor fin, gracias a lo que era. Una vampira. Una solitaria vampira. Una eterna solitaria vampira.

FIN
Espero sus comentarios... besitos..¡Os ADORO!

3 comentarios:

  1. mari, ame el final
    es genial y despues de mil años por fin terminaste. No me lo puedo creer jajaja
    Ya espero la proxima historia
    felicidades
    sayito

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  2. Lo amo!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! Lo amo lo amo lo amo mil veces, es muy lindo no puedo creer que terminara así de todas formas pero está buenísimo beia, te pasaste. Es realmente hermosa y ten cuidado que se quedará con migo para siempre.
    T quero. Kmi.

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  3. Pero ahora que lo pienso pobre de Gabriel , no creo que nunca la olvide aunque no la vuelva a ver... siempre estará en su corazón mari me dejas con una inquietud emocional, en el buen sentido.

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