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miércoles, 1 de septiembre de 2010

Sexto Capítulo de "Porque Dentro de una Leyenda SIEMPRE Hay Algo de Cierto"

Sin palabras... espero que les guste.. aun no sé si serán 7 u 8 capítulos, pero el final está cerca... sé que demopré pero este capi lo he escrito mínimo 5 veces...bueno, nos leemos (espero que luego)

"Porque dentro de una leyenda SIEMPRE hay algo de cierto"

Capítulo 6: De Recuerdos Memorables…

Miedos, traiciones, dolor, angustia. Todos aquellos sentimientos se desaparecían cuando tomaba aquel álbum de fotos. 10 años de escuela, plasmados en casi 150 trozos de papel fotográfico.
Comencé a hojearlo, de a poco, dejándome llevar por los recuerdos.
Me topé con una imagen de Romina, con 11 años, de cuando era parte del equipo de Hockey. Estaba sentada en el suelo, con el vestido deportivo del colegio manchado con barro, las medias absolutamente disparejas, y con una zapatilla sin calzar, mientras sostenía una bolsa de hielo en su cabeza. Gracias al accidente que la había dejado en ese estado fue que Romina dejó el equipo…
“- ¡Dale, Romi!- Un grupo de 9 chicos que rondaban entre los 11 y los 12 años alentaban a su amiga, la cual se encontraba en medio de un partido de Hockey.
En la cancha se observaban dos equipos de mujeres. Uno con unos vestidos amarillos con franjas negras, zapatillas blancas y calcetas amarillas. Eran los contrincantes. Otro con vestidos verde oscuro, franjas blancas, calcetas blancas con franjas verde oscuro y zapatillas blancas. Era el equipo de Romina.
El equipo de Romina estaba de cierta forma relajado. Quedaban tan solo unos segundos, y las posibilidades de que el equipo contrario las alcanzase eran, claramente, nulas.
Era sabido el grado de odio entre los dos quipos que aquel día se enfrentaban: el “Colegio Mademoiselle Fabré” y el “Internado para mujeres San Marcos de Hurtado”. El primero siempre ganaba los enfrentamientos, fuesen deportivos, artísticos o académicos, mas el segundo siempre era más mencionado en los medios, gracias a que las hijas de presidente de la nación se encontraban matriculadas en él.
Un pitido dio por finalizado el partido. Las chicas del Mademoiselle Fabré ganaron por lejos con un marcador 18 – 5.
Mientras las jóvenes de vestidos deportivos verde oscuro y franjas blancas festejaba, el equipo de de vestimentas amarillas lloraba, gritaba con frustración y lanzaba lejos los bastones.
Romina se comenzó a acercar a las gradas para ser felicitada por sus amigos, cuando de pronto cayó sobre su cabeza un stick (bastón de hockey) y se desvaneció.
Hubo un silencio que duró milisegundos, y luego un grito generalizado salió con fuerza y pánico de la boca de los 9 chicos que la observaban anonadados.
-¡ROMINA!-. No supieron cómo ni cuándo, pero llegaron a ella en un tiempo inconcebible.
Al caerse, Romina se había dado otros 3 golpes en la cabeza con el rebote, se había ensuciado gracias al barro de la cancha de hierba y una de sus zapatillas se le había descalzado.
Cuando reaccionó, gracias a la ayuda de uno de los entrenadores, lo único que hizo fue llevarse una mano a la cabeza y decir medio para sí, medio para sus amigos –Esto va a hacer que pierda las neuronas que tenían la materia de la prueba del martes.-. Una risa generalizada le dio a entender que su pensamiento había sido tomado como broma.
Javiera consiguió ir y volver a las gradas sin que Romina hiciese un escándalo porque la había dejado sola, y en ese intertanto a Romina le entregaron una bolsa de hielo para que se la colocara en la cabeza, mientras esperaban a que llegara la ambulancia. Le tenían prohibido que se parase o que mirara mucho hacia arriba. Tenían miedo a un TEC.
-¿Duele mucho?- Javiera tenía una única intención al preguntar aquello. Y tenía que ver con la cámara digital que llevaba en las manos.
-¿Tú qué crees?- Le respondió con ironía, mirando hacia arriba con cuidado y con una sonrisa forzada y sarcástica en su cara.
*FLASH*
Javiera había obtenido la foto que quería.
-¡Javiera Fernanda Agüero Gutiérrez, te juro que en cuanto me pueda levantar y pueda correr detrás de ti, te vas a arrepentir de haber nacido!-.
Aunque por más que gritara, Javiera ya había desaparecido.
*Para eso una tiene a las mejores amigas, sí, claro, cómo no…*"
Reí internamente al recordar aquel episodio, negué para mis adentros, y seguí hojeando mi álbum, en busca de más recuerdos.
De pronto me di cuenta de que me encontraba en la sección de fotos del año escolar anterior. Ahí todos teníamos entre 13 y 15 años. Aquel año habían pasado muchísimas cosas.
A mi memoria recorrieron miles de imágenes. Miles de recuerdos.
Recordé cuando Luna y José Pablo tuvieron que cambiarse de uniformes por una apuesta (Oh, sí, Luna se quedó con los pantalones y José Pablo con el jumper).
Recordé cuando Diana tuvo que ir al colegio en pijama gracias a una prueba de las “Misiones Imposibles”.
Recordé cuando a Manuel, por saltar la reja para ir a buscar una pelota que se les había ido, se había enganchado y rajado sus pantalones, los cuales yo cosí con interminable paciencia durante la clase de tecnología que tuvimos libre.
También recordé cómo a Florencia gritaba que le habían pegado un chicle en el cabello y cómo corrió hacia mi sala pidiendo ayuda, para luego darse cuenta que era un simple dulce masticable, y cómo había casi asesinado a la culpable.
Recordé cómo Álvaro, hecho un atado de nervios, le pidió pololeo a una Luna inocente, la cual se puso tan nerviosa que salió corriendo. Al final le dijo que sí. Pensar que aún siguen juntos, y que son casi inseparables.
Recordé cómo todo el equipo de fútbol, de por si masculino, se rió en la cara de Diana cuando esta fue a pedir que la dejasen entrar, y que luego en la demostración que le profesor le ordenó hacer, más para burlarse de ella que para dejarla ingresar, los dejó con la boca abierta gracias a sus capacidades, a tal punto que hoy es co-entrenadora del equipo.
Seguí hojeando mi álbum, y me topé con una imagen que hizo que un recuerdo mitad gracioso mitad triste volviese a mi. En ella estábamos Claudia y yo, en las alianzas, con nuestra sala adornada con el tema de ese año: El teatro. En ese entonces Claudia aún tenía el pelo por las rodillas y estaba en plena etapa de adoración a los tacos. Lo que es yo, me conformaba con mi cabello a mitad de espalda y con mis zapatillas, porque jamás me acomplejé por mi baja estatura.
En ese entonces, Claudia y yo aún éramos amigas…
“Claudia, Javiera, Luna, Manuel, Gabriel e Ignacio estaban decorando la sala para las alianzas de su colegio. Luna se dedicaba a escribir frases célebres del teatro. Manuel e Ignacio se dedicaban a hacer dibujos de cuerpo entero de actores griegos representando una tragedia griega. Y Claudia, Javiera y Gabriel estaban plegando unos retazos gigantes de tela roja que simularían un telón que colgaría del techo y que cubriría la parte trasera de la sala que es donde se encontraban los lockers.
-Bueno, creo que ya está, ahora hay que colgarlo- Dijo Javiera, mirando con una mueca de fastidio los lockers.
Claudia comenzó a subirse a una mesa para luego subirse a los lockers, cuando Gabriel la detuvo.
-Clau, si te vas a subir ahí mínimo quítate los tacos…- La rubia lo miró como si fuese un niño pequeño que no entiendese nada, y le dijo en tono irónico –Si, Claro, como diga mi general.- Luego se soltó y terminó de subirse.
-Javi, ¿no me ayudas?- preguntó, dirigiéndose a mi. La miré mal.
-Sabes que aunque me suba a los lockers no alcanzo el techo ni de chiste, además que mi falta de coordinación motriz haría que me cayese antes de poder pegar siquiera una punta de tela.- Claudia y Gabriel me miraron y se rieron. Nadie entendía que lo que estaba diciendo era serio.
-Okay, lo haré sola.- Dijo Claudia, segura de si misma.
Llamamos a Ignacio y a Manuel para que nos ayudaran – más bien ayudaran a Gabriel- a pasarle aquella inmensidad de tela a Claudia.
Demoró 20 minutos lograr que la primera punta se pegara, y otros 10 lograr que Claudia lograra despegar sus dedos de ahí.
Cuando ya iba por la segunda costura a pegar, apareció un alumno de 5º básico por la puerta diciendo no sé qué sobre una descalificación de la alianza contraria, al hacer que uno de la nuestra se cayera y se esguinzara. La cosa es que con el grito, Claudia metió un taco en un espacio entre los lockers, este se quebró y Claudia cayó con todo y tela al piso.
Todos pensamos lo peor, ya que Claudia había caído prácticamente enrollada en la tela y de cara.
Corrimos hasta la maraña en la que se encontraba Claudia, con el corazón a cien por hora y sintiendo una gran desesperación.
Fueron un par de segundos, pero estábamos todos con la boca del estómago apretado mientras esperábamos que Claudia nos diera una señal. Y esta llego de la única forma que no esperábamos. Una risa estridente se oyó desde dentro de aquel bulto que era Claudia y la tela roja.
Nos apuramos en sacar las capas y capas de pliegues que cubrían a nuestra rubia amiga, y cuando llegamos a ella, la encontramos carcajeándose de lo lindo.
-¡Eso – Fue – Genial!- nos decía entre risas Claudia, refiriéndose a su caída.
-¿Genial? ¡¡¡¡¡CASI TE MATAS!!!!!- Le gritó Luna, perdiendo los estribos
Claudia no se dio por enterado de lo que Luna gritó, y dijo las palabras que rebasaron el vaso.
-¡Y sus caras! ¡Fueron lo mejor! ¡No saben lo que lamento no haber tenido una cámara en mis manos! Jajajajajajaja-.
Todos la miramos mal, y como si nos hubiésemos puesto de acuerdo tomamos los extremos de la tela y los tiramos con fuerza, haciendo que Claudia se desenrollara con fuerza, y que cayese al piso de cara.
-¡Hey! Me vale que se preocupen, pero no tenían por qué hacer eso.- Nuestras miradas le dijeron todo.
-Está bien, recojamos la tela y que el Manu y el Nacho la cuelguen.- Nos dijo, por fin con sensatez, la pequeña loba.
Comenzamos a ordenar la tela, viendo que no se hubiera rasgado ni nada parecido. Demoramos un buen rato, y cuando ya casi finalizábamos, mi torpeza tuvo que hacer acto de presencia: mis pies se enredaron con una punta gigante de la tela, haciendo que trastrabillara, pisara la tela, me resbalara, y cayera arriba de Gabriel, el cual cayo de espaldas al piso y con todo mi peso encima.
Nuestras narices se rozaban. Yo ya estaba enamorada de él. Y él no quitaba la cara.
Nuestros ojos estaban fijos en los del otro. Yo podía sentir su aliento mentolado. Notaba las vetas grisáceas de sus ojos. Notaba que a pesar de que su piel no era clara, tenía unas rebeldes pecas bajo los ojos, las cuales lo hacían parecer mucho más sexy a mi vista.
Al darme cuanta de lo que estaba pensando, me sonrojé furiosamente. Desvié la mirada y comencé a murmurar y traté de levantarme. Mas su mano en mi cintura me lo impidió. Lo miré nuevamente y una sonrisa traviesa ladeada le cruzaba el rostro. Sus ojos enviaban electricidad a los míos. Una leve esperanza apareció en mí.
Pero un grito lo interrumpió todo.
-¡Consíganse un motel!-. Manuel nos había arruinado el momento. Ambos nos dimos cuenta de lo que había estado a punto de pasar, y con el pensamiento “Qué tal si…” nos levantamos y evitamos contacto alguno durante lo que quedaba del día.
Claudia sólo se había esguinzado la mano, y después de 2 semanas pudo dejar el yeso que le habían colocado.
Entre Gabriel y yo todo había vuelto a la normalidad, como si nada hubiese pasado".
Hasta hoy, cuando nos besamos… y cuando lo mordí.
Quizás…

Hasta aquí por hoy.... espero que lo hayan disfrutado...
Os Quiero