...Un lugar donde mis sueños, esperanzas, historias, y creaciones se abren paso al mundo...un lugar donde me decido a volar, a dejar de esconder mis alas, a ser un ángel terrenal...
Okeii aqui una de mis primeras historias.. la escribí hace como 2 o 3 años... espero que les guste y que la disfruten :D ...
Un Atardecer Diferente
Se topó con Esteban, el cual estaba sentado en la baranda del balcón de la pieza de Matías, el hermano de Paz, por lo que fue y se sentó a su lado. Reinaba el silencio y el sol ya se empezaba a esconder por el horizonte del mar. Tomó su negro cabello en una coleta. Las olas del mar se oían delicadas y Marina predecía que dentro de poco serían de un color rojo intenso. Decidió romper el silencio que reinaba entre Esteban y ella.
-¿Por qué saliste de la fiesta?- dijo Marina
- Porque me empecé a sofocar, porque no me gusta el reggeaton y porque…- sus bellos ojos castaños se pusieron melancólicos -… porque me entere me enteré de que ya no legusto a la chica que me gusta- diciendo lo ultimo en un susurro casi inaudible. Sus ojos demostraban profunda tristeza- y tú Marina, ¿Por qué saliste de la fiesta, si a ti te gusta el reggeaton?-
- Porque, como tú, me empecé a sofocar, y mis amigas empezaron a jugara a la botellita con el Hugo, el Ignacio y el Gaspar-
-¿Todavía, con 15 años, siguen jugando a eso?-
- Sí, y lo que es peor, están casi todos pololeando- le dijo Marina.
- Pero… ¿Por qué casi todos, si todos están pololeando?
- La Bel y el Gaspar se volvieron a pelear-
-¿De nuevo?- le dijo Esteban.
-Sí, y esta vez porque Gaspar perdió una pulserita que Bel le había regalado-
-mmmm…- dijo Esteban-… y tú ¿estás pololeando?-
-No, y no me gusta nadie, porque conozco la siguiente pregunta- dijo Marina, aunque sabía que esa mentira Esteban no se la iba a creer- y a ti ¿te gusta alguien?-
- Sí, pero no te voy a decir quién-
- OK, es tu problema si me lo diceso no… como que me aburrí, juguemos verdad o castigo, ¿Te parece?- le dijo Marina
- OK, pero sin trampas-
-¿Alguna vez yo te he hecho trampa?-
-Mmmmm…no, pero prefiero asegurarme- le respondió Esteban.
-¿De qué?- le preguntó divertida Marina.
- De que no me hicieras trampa-
-OK…- dijo como cerrando el tema- bueno, dejémoslo así. Ahora yo parto, escojo verdad-
-¿Quién te gusta? Y no me respondas con una mentira, porque te conozco y se cuando mientes- le dijo Esteban
-Mmmmm…- Marina era una muy buena actriz, pero Esteban la conocía demasiado para que no la descubriese, por lo que optó por decirle la verdad- TÚ-le dijo en un susurro casi inaudible, por lo que Esteban le dijo
- Disculpa, no te oí-
- Tú- le dijo- Me gustas tú, aunque se lo niegue a mis amigas, me gustas, me gustas mucho-
Un tenso minuto de silencio, en el cual la cara de Esteban había pasado de la sorpresa, a la incredulidad y luego al entendimiento, compresión y amor profundo, pero Marina no lo notó, ya que estaba cabizbaja.
-Te comprendo, Marina… porque tú también me gustas, mucho…-
-Pero… ¿Por qué me dijiste que ya no te amo?- dijo Marina levantando la cabeza, notándosele lo sonrojada.
-Tus amigas fueron las que me informaron todo este tiempo-
-Así que la Paz, La Bel y la Romi fueron tus espías ¿no?- dijo Marina acercándose a Esteban
-Ajá- dijo Esteban acercando sus labios a los de Marina
-Luego arreglo cuentas con ellas- dijo Marina, y luego selló el beso tan esperado por ambos, mientras el atardecer y sus rayos rojos bañaban el mar y a los dos amantes, y aunque ellos no lo supiesen, tres chicos y tres chicas celebraban aquella unión abajo, en el primer piso de la casa.
Bueno, bueno, bueno.. el fin.. espero que les guste.. espero que me dejen su opinión.. besitos..
"Porque dentro de una leyenda siempre hay algo de cierto"
Capítulo 7: Por siempre y para siempre
Siempre odie las fiestas, y más si eran masivas. Y, tómenlo como ironía de la vida, me encontraba en la fiesta de 17 años de la chica más popular de la escuela, Miranda Arancibia. Todo era lujo, y como no, todos vestíamos de forma formal. Los zapatos de tacón me apretaban, pero no me podía salir así sin más. Le dije al chico con el que bailaba que tenía que ir al baño, y me hice paso entre la multitud, hasta que logré salir al balcón. Allí me descalcé y caminé hasta el borde de este, que, gracias al cielo, estaba vacío. Respiré hondo, y miré al firmamento. Mi vida era una apariencia. Todo era una máscara. Era FALSO. -¿Por qué no me hablas?- Su voz resonó por todo el lugar. Ahí estaba él, la persona a la que había estado evitando. -¿Por qué TÚ me hablas? ¿No te hice ya suficiente daño?- respondí. Me giré, y lo vi. Su cabello azabache relucía con la luz que provenía de la luna. -¿Daño?- Sí, Gabriel, daño. – No sé lo que eres, no sé lo que pasó la semana pasada, pero sí sé que me amas, y que yo te amo, y que eso me vale, con eso podemos ser felices- Sus ojos azules parecían de fuego. Pero no podía dejarme persuadir. Él no podía estar a mi lado, no podía hacer que tuviese el peligro rondándole. Lo amaba, y si tenía que mentir, asesinar o engañar por él, lo haría. -Sí, daño. Pero te equivocas en algo. Yo NO te amo- le miré, y traté de que mis ojos fuesen de hielo, fuesen fríos, fuesen vampíricos. Me di vuelta nuevamente, esta vez orientándome hacia el exterior del balcón, y miré la luna. Hacía tres días había estado llena, y con Charles no pudimos salir. No podíamos arriesgarnos a que Claudia y sus primos nos atacasen. Suspiré. Quería ser normal, quería volver a ser esa humana simple, sencilla, una adolescente común y corriente. Quizás de esa forma yo podría hacer lo que hoy no puedo. Podría vivir con mi familia, salir con mis amigos, poder pololear con Gabriel… podría ser NORMAL. -Puedes hacer que tus ojos son de hielo, pero te recuerdo que el hielo también puede quemar-. Su susurro en mi oído me provocó un escalofrío, y me intenté alejar de él, pero no me lo permitió.- Deja de fingir, Javiera. Sabes que lo que pasa entre nosotros no es una simple amistad.- A través de nuestros ojos, una especie de electricidad corría. De a poco nos acercamos, y nos besamos. Fue un beso romántico, de esos de película. Nos separamos cuando el oxígeno nos hizo falta. -Esto no está bien, esto no es correcto- murmuraba yo, mientras nuestras narices chocaban. -Esto es lo que debemos y queremos hacer- me refutó él, también en susurros. Una pausa se hizo presente, mientras nos mirábamos directo a los ojos. Tenía que decírselo, si no sería muy tarde. -Si te cuento un secreto, ¿me prometes guardarlo? No me importa si te alejas, lo entenderé, pero lo que si te pido es que no lo divulgues- Era hora. Él tan solo asintió. -Soy vampira- Él me miró sorprendido, pero no tanto como esperaba. Y la mayor sorpresa me la llevé yo. Él me besó nuevamente, y me dijo: -Vampira, fantasma o elfa, te amo igual- Lo miré extrañada. No era una reacción normal. Él notó mi falta de entendimiento. - Después de lo de la Clau, me esperaba cualquier cosa que justificara tu mordida- Le sonreí, y lo besé. Sabía que me quería, y que ME CREÍA. Duraríamos lo que debiésemos durar.
***********************************O**************************************** Y EL TIEMPO PASÓ, Y EL MALDITO MOMENTO … LLEGÓ. ***********************************O****************************************
Sus ojos parecían dos hermosos zafiros, nublados por las lágrimas, gracias a la pena. -Javi, por favor, no te vayas. No me importa lo que seas, yo siempre estaré aquí, para ti, tal como ha sido durante estos meses- Una solitaria lágrima cayó por mi mejilla, mientras los recuerdos de los pocos momentos compartidos como algo más que amigos pasaban por mi mente. -Sea quien sea, Javi, juro que te protegeré- Reí amargamente. Él no tenía idea de lo que significaban sus palabras: muerte. Y que el pereciese no era, para mí, una opción. -No entiendes siquiera la magnitud de tus palabras, Gabriel. No conoces a tus enemigos, por lo que no hagas aseveraciones apresuradas, por favor, porque te podrían salir caro- -Por ti haría lo que fuese. Por ti cruzaría océanos, montañas y el mismo cielo; por ti mataría a quien se me cru…- Lo callé colocando un dedo sobre sus labios. Si había algo que no permitiría sería que se pusiera a si mismo en peligro. Vi como Charles se asomaba por la ventana del laboratorio de química, impaciente. Era hora. Ya había llegado el momento de dirigirnos a nuestro destino. Miré una última vez a mi joven de cabello negro, y fijé mi vista en sus ojos. Por última vez. - Llegó la hora de decir adiós, ¿No es así?- Asentí, tragándome un sollozo. Fijé la vista en él, despidiéndome de él con la mirada. No dijo nada. Sus orbes azules lo decían todo sin hablar. Sin embargo, cuando me levanté a buscar mi mochila, él agarró mi muñeca, y con la mirada fija en el piso, me dijo: -Recuerda que mi corazón está contigo. Hazme el favor de cuidarlo y protegerlo.- Una lágrima resbaló por su nariz y cayó directo a la madera de las gradas. Luego otra, y otra más. Sabía que lo que diría yo nos dolería a ambos, pero si no lo hacía no le daría la oportunidad de vivir. -Pues te lo devuelvo, para que se lo entregues a alguien que te valore y te merezca. Si me lo quedo, no tendrás la posibilidad de ser feliz. Te amo, pero no es excusa suficiente para el daño que ya te he causado. Hasta siempre, y para siempre, es todo lo que te puedo prometer- Él me tomó la cara, la acunó en su mano, y nos fundimos en un beso. En nuestro último beso, el cual estuvo cargado de pasión y pena. Y tan rápido como comenzó, terminó. Y mi pena no aguantó más y los sollozos se hicieron presentes. Tomé rápidamente mi mochila, lo besé rápidamente en los labios, dándoles su último encuentro, y me alejé corriendo. Sabía que me seguía, por lo que corrí más fuerte. -¡Javiera! ¡Javiera, no te vayas! ¡Por favor!- Aquello fue lo último que escuché de la boca de Gabriel antes de meterme en el laboratorio donde Charles me esperaba. Cerré la puerta con tal fuerza que casi la saco del marco. -¿Todo listo, pequeñaja?- Asentí, tragándome las lágrimas- ¿Estás segura de todo esto? Está bien que yo odie esta vida, pero tú no tienes que hacerlo. Tú puedes ser feliz. No tienes que hacerlo por mí. No debes mori… -Mi mano cubrió su boca y detuvo su discurso. Lo miré a los ojos, y estoy segura de que lo que vio fue pura decisión. -Cometimos el mismo crimen, merecemos el mismo castigo- Fueron las palabra que me sentenciaron. Tan pronto como Gabriel dejo de insistir, y se marchó de la escuela, nos encaminamos a nuestro destino. Hacia el final de todo esto.
No tenía miedo. Sabía que esto algún día pasaría. Era algo que tenía claro. Aunque era raro tener una pistola apuntándote al pecho. Siete cartas. Siete cartas había dejado. Una para Amalia y Emilio, explicándoles lo sucedido, al igual que la de Romina y de Ignacio, y la de Claudia. Una para mi hermana y otra para mis amigos, explicándoles la verdad, toda la verdad. Una para el vampiro que nos había convertido hacía tiempo: Garret Carthweld, un sangre pura, primo de Amalia. En mi carta le agradecía por haberme salvado, pero le explicaba que yo no podía vivir con aquel cambio, y le explicaba mi decisión. La última era la más corta, e iba remitida a… De pronto, una voz interrumpió mis pensamientos. -Señor Charles Peter Black y señorita Javiera Fernanda Agüero Gutiérrez, se les acusa de ser humanos convertidos en vampiros por un sangre pura, en distintas épocas y situaciones, además de beber sangre humana, sin tener en consideración lo que ello podía causar en el ambiente en el cual se desenvuelven ¿Cómo se declaran?- Sin vacilar, respondimos. -Culpables, su señoría.- -Antes de declarar nuestro veredicto, una última interrogante: ¿Conocéis el nombre de vuestro… “creador”?- Ninguno de los dos iba a denunciar a Garret. Eso jamás. -Lo lamentamos, su señoría, pero ni siquiera podemos describirlo físicamente- dijo Charles. -Pues bien, no hay cuidado. Ahora, nuestros veredicto es: El señor Charles Peter Black y la señorita Javiera Fernanda Agüero Gutiuérrez son culpables de existir como humanos transformados y por no haberse anunciado antes ni haberse inscrito, además de haber consumido sangre humana en una situación de riesgo máximo. Se les condena a la muerte inmediata, sin derecho a apelación- Una vampira pelirroja de ojos negros anunció el veredicto. En menos de un segundo sentí cómo la bala ingresó en mi pecho, destrozando mi corazón. Lo último que mi cabeza procesó antes de apagarse fue una visión. Algo que pasaría en un futuro inmediato: Vi cómo Gabriel abría la última carta que había escrito, la más corta. Esta rezaba:
Gabriel: Cuida de mi alma y de mi corazón, porque los he dejado contigo por el resto de la eternidad. Te amo, te amé y te amaré No cometas una estupidez luego de que leas esto, pero he muerto, por ti, para poder estar junto a ti para siempre, sin restricciones. Por siempre y para siempre, esa es mi última y mi más leal promesa. Siempre, siempre tuya. Javiera.
Y de pronto, todo se volvió negro, y mi cerebro se apagó. Para siempre. Lo último que hizo mi cuerpo fue soltar un hilillo de sangre por mi boca. Simple Ironía de la vida. Sonará macabro, pero no tuve mejor fin, gracias a lo que era. Una vampira. Una solitaria vampira. Una eterna solitaria vampira.
Sin palabras... espero que les guste.. aun no sé si serán 7 u 8 capítulos, pero el final está cerca... sé que demopré pero este capi lo he escrito mínimo 5 veces...bueno, nos leemos (espero que luego)
"Porque dentro de una leyenda SIEMPRE hay algo de cierto" Capítulo 6: De Recuerdos Memorables…
Miedos, traiciones, dolor, angustia. Todos aquellos sentimientos se desaparecían cuando tomaba aquel álbum de fotos. 10 años de escuela, plasmados en casi 150 trozos de papel fotográfico. Comencé a hojearlo, de a poco, dejándome llevar por los recuerdos. Me topé con una imagen de Romina, con 11 años, de cuando era parte del equipo de Hockey. Estaba sentada en el suelo, con el vestido deportivo del colegio manchado con barro, las medias absolutamente disparejas, y con una zapatilla sin calzar, mientras sostenía una bolsa de hielo en su cabeza. Gracias al accidente que la había dejado en ese estado fue que Romina dejó el equipo… “- ¡Dale, Romi!- Un grupo de 9 chicos que rondaban entre los 11 y los 12 años alentaban a su amiga, la cual se encontraba en medio de un partido de Hockey. En la cancha se observaban dos equipos de mujeres. Uno con unos vestidos amarillos con franjas negras, zapatillas blancas y calcetas amarillas. Eran los contrincantes. Otro con vestidos verde oscuro, franjas blancas, calcetas blancas con franjas verde oscuro y zapatillas blancas. Era el equipo de Romina. El equipo de Romina estaba de cierta forma relajado. Quedaban tan solo unos segundos, y las posibilidades de que el equipo contrario las alcanzase eran, claramente, nulas. Era sabido el grado de odio entre los dos quipos que aquel día se enfrentaban: el “Colegio Mademoiselle Fabré” y el “Internado para mujeres San Marcos de Hurtado”. El primero siempre ganaba los enfrentamientos, fuesen deportivos, artísticos o académicos, mas el segundo siempre era más mencionado en los medios, gracias a que las hijas de presidente de la nación se encontraban matriculadas en él. Un pitido dio por finalizado el partido. Las chicas del Mademoiselle Fabré ganaron por lejos con un marcador 18 – 5. Mientras las jóvenes de vestidos deportivos verde oscuro y franjas blancas festejaba, el equipo de de vestimentas amarillas lloraba, gritaba con frustración y lanzaba lejos los bastones. Romina se comenzó a acercar a las gradas para ser felicitada por sus amigos, cuando de pronto cayó sobre su cabeza un stick (bastón de hockey) y se desvaneció. Hubo un silencio que duró milisegundos, y luego un grito generalizado salió con fuerza y pánico de la boca de los 9 chicos que la observaban anonadados. -¡ROMINA!-. No supieron cómo ni cuándo, pero llegaron a ella en un tiempo inconcebible. Al caerse, Romina se había dado otros 3 golpes en la cabeza con el rebote, se había ensuciado gracias al barro de la cancha de hierba y una de sus zapatillas se le había descalzado. Cuando reaccionó, gracias a la ayuda de uno de los entrenadores, lo único que hizo fue llevarse una mano a la cabeza y decir medio para sí, medio para sus amigos –Esto va a hacer que pierda las neuronas que tenían la materia de la prueba del martes.-. Una risa generalizada le dio a entender que su pensamiento había sido tomado como broma. Javiera consiguió ir y volver a las gradas sin que Romina hiciese un escándalo porque la había dejado sola, y en ese intertanto a Romina le entregaron una bolsa de hielo para que se la colocara en la cabeza, mientras esperaban a que llegara la ambulancia. Le tenían prohibido que se parase o que mirara mucho hacia arriba. Tenían miedo a un TEC. -¿Duele mucho?- Javiera tenía una única intención al preguntar aquello. Y tenía que ver con la cámara digital que llevaba en las manos. -¿Tú qué crees?- Le respondió con ironía, mirando hacia arriba con cuidado y con una sonrisa forzada y sarcástica en su cara. *FLASH* Javiera había obtenido la foto que quería. -¡Javiera Fernanda Agüero Gutiérrez, te juro que en cuanto me pueda levantar y pueda correr detrás de ti, te vas a arrepentir de haber nacido!-. Aunque por más que gritara, Javiera ya había desaparecido. *Para eso una tiene a las mejores amigas, sí, claro, cómo no…*" Reí internamente al recordar aquel episodio, negué para mis adentros, y seguí hojeando mi álbum, en busca de más recuerdos. De pronto me di cuenta de que me encontraba en la sección de fotos del año escolar anterior. Ahí todos teníamos entre 13 y 15 años. Aquel año habían pasado muchísimas cosas. A mi memoria recorrieron miles de imágenes. Miles de recuerdos. Recordé cuando Luna y José Pablo tuvieron que cambiarse de uniformes por una apuesta (Oh, sí, Luna se quedó con los pantalones y José Pablo con el jumper). Recordé cuando Diana tuvo que ir al colegio en pijama gracias a una prueba de las “Misiones Imposibles”. Recordé cuando a Manuel, por saltar la reja para ir a buscar una pelota que se les había ido, se había enganchado y rajado sus pantalones, los cuales yo cosí con interminable paciencia durante la clase de tecnología que tuvimos libre. También recordé cómo a Florencia gritaba que le habían pegado un chicle en el cabello y cómo corrió hacia mi sala pidiendo ayuda, para luego darse cuenta que era un simple dulce masticable, y cómo había casi asesinado a la culpable. Recordé cómo Álvaro, hecho un atado de nervios, le pidió pololeo a una Luna inocente, la cual se puso tan nerviosa que salió corriendo. Al final le dijo que sí. Pensar que aún siguen juntos, y que son casi inseparables. Recordé cómo todo el equipo de fútbol, de por si masculino, se rió en la cara de Diana cuando esta fue a pedir que la dejasen entrar, y que luego en la demostración que le profesor le ordenó hacer, más para burlarse de ella que para dejarla ingresar, los dejó con la boca abierta gracias a sus capacidades, a tal punto que hoy es co-entrenadora del equipo. Seguí hojeando mi álbum, y me topé con una imagen que hizo que un recuerdo mitad gracioso mitad triste volviese a mi. En ella estábamos Claudia y yo, en las alianzas, con nuestra sala adornada con el tema de ese año: El teatro. En ese entonces Claudia aún tenía el pelo por las rodillas y estaba en plena etapa de adoración a los tacos. Lo que es yo, me conformaba con mi cabello a mitad de espalda y con mis zapatillas, porque jamás me acomplejé por mi baja estatura. En ese entonces, Claudia y yo aún éramos amigas… “Claudia, Javiera, Luna, Manuel, Gabriel e Ignacio estaban decorando la sala para las alianzas de su colegio. Luna se dedicaba a escribir frases célebres del teatro. Manuel e Ignacio se dedicaban a hacer dibujos de cuerpo entero de actores griegos representando una tragedia griega. Y Claudia, Javiera y Gabriel estaban plegando unos retazos gigantes de tela roja que simularían un telón que colgaría del techo y que cubriría la parte trasera de la sala que es donde se encontraban los lockers. -Bueno, creo que ya está, ahora hay que colgarlo- Dijo Javiera, mirando con una mueca de fastidio los lockers. Claudia comenzó a subirse a una mesa para luego subirse a los lockers, cuando Gabriel la detuvo. -Clau, si te vas a subir ahí mínimo quítate los tacos…- La rubia lo miró como si fuese un niño pequeño que no entiendese nada, y le dijo en tono irónico –Si, Claro, como diga mi general.- Luego se soltó y terminó de subirse. -Javi, ¿no me ayudas?- preguntó, dirigiéndose a mi. La miré mal. -Sabes que aunque me suba a los lockers no alcanzo el techo ni de chiste, además que mi falta de coordinación motriz haría que me cayese antes de poder pegar siquiera una punta de tela.- Claudia y Gabriel me miraron y se rieron. Nadie entendía que lo que estaba diciendo era serio. -Okay, lo haré sola.- Dijo Claudia, segura de si misma. Llamamos a Ignacio y a Manuel para que nos ayudaran – más bien ayudaran a Gabriel- a pasarle aquella inmensidad de tela a Claudia. Demoró 20 minutos lograr que la primera punta se pegara, y otros 10 lograr que Claudia lograra despegar sus dedos de ahí. Cuando ya iba por la segunda costura a pegar, apareció un alumno de 5º básico por la puerta diciendo no sé qué sobre una descalificación de la alianza contraria, al hacer que uno de la nuestra se cayera y se esguinzara. La cosa es que con el grito, Claudia metió un taco en un espacio entre los lockers, este se quebró y Claudia cayó con todo y tela al piso. Todos pensamos lo peor, ya que Claudia había caído prácticamente enrollada en la tela y de cara. Corrimos hasta la maraña en la que se encontraba Claudia, con el corazón a cien por hora y sintiendo una gran desesperación. Fueron un par de segundos, pero estábamos todos con la boca del estómago apretado mientras esperábamos que Claudia nos diera una señal. Y esta llego de la única forma que no esperábamos. Una risa estridente se oyó desde dentro de aquel bulto que era Claudia y la tela roja. Nos apuramos en sacar las capas y capas de pliegues que cubrían a nuestra rubia amiga, y cuando llegamos a ella, la encontramos carcajeándose de lo lindo. -¡Eso – Fue – Genial!- nos decía entre risas Claudia, refiriéndose a su caída. -¿Genial? ¡¡¡¡¡CASI TE MATAS!!!!!- Le gritó Luna, perdiendo los estribos Claudia no se dio por enterado de lo que Luna gritó, y dijo las palabras que rebasaron el vaso. -¡Y sus caras! ¡Fueron lo mejor! ¡No saben lo que lamento no haber tenido una cámara en mis manos! Jajajajajajaja-. Todos la miramos mal, y como si nos hubiésemos puesto de acuerdo tomamos los extremos de la tela y los tiramos con fuerza, haciendo que Claudia se desenrollara con fuerza, y que cayese al piso de cara. -¡Hey! Me vale que se preocupen, pero no tenían por qué hacer eso.- Nuestras miradas le dijeron todo. -Está bien, recojamos la tela y que el Manu y el Nacho la cuelguen.- Nos dijo, por fin con sensatez, la pequeña loba. Comenzamos a ordenar la tela, viendo que no se hubiera rasgado ni nada parecido. Demoramos un buen rato, y cuando ya casi finalizábamos, mi torpeza tuvo que hacer acto de presencia: mis pies se enredaron con una punta gigante de la tela, haciendo que trastrabillara, pisara la tela, me resbalara, y cayera arriba de Gabriel, el cual cayo de espaldas al piso y con todo mi peso encima. Nuestras narices se rozaban. Yo ya estaba enamorada de él. Y él no quitaba la cara. Nuestros ojos estaban fijos en los del otro. Yo podía sentir su aliento mentolado. Notaba las vetas grisáceas de sus ojos. Notaba que a pesar de que su piel no era clara, tenía unas rebeldes pecas bajo los ojos, las cuales lo hacían parecer mucho más sexy a mi vista. Al darme cuanta de lo que estaba pensando, me sonrojé furiosamente. Desvié la mirada y comencé a murmurar y traté de levantarme. Mas su mano en mi cintura me lo impidió. Lo miré nuevamente y una sonrisa traviesa ladeada le cruzaba el rostro. Sus ojos enviaban electricidad a los míos. Una leve esperanza apareció en mí. Pero un grito lo interrumpió todo. -¡Consíganse un motel!-. Manuel nos había arruinado el momento. Ambos nos dimos cuenta de lo que había estado a punto de pasar, y con el pensamiento “Qué tal si…” nos levantamos y evitamos contacto alguno durante lo que quedaba del día. Claudia sólo se había esguinzado la mano, y después de 2 semanas pudo dejar el yeso que le habían colocado. Entre Gabriel y yo todo había vuelto a la normalidad, como si nada hubiese pasado". Hasta hoy, cuando nos besamos… y cuando lo mordí. Quizás…
Hasta aquí por hoy.... espero que lo hayan disfrutado... Os Quiero
Bueno, creo que esta vez no tengo ninguna otra excusa más que... ¡MI INSPIRACIÓN ME ABANDONÓ!... Pero bue, para que digo lo que sea, si al final no me creen.
Bla, bla, bla...
Os dejo con la Historia:
"Porque dentro de una leyenda SIEMPRE hay algo de cierto"
Capítulo 5: Beso de Sangre
Primero las clases, luego Claudia, después Emilio, y la despedida del mismo y de Amalia, para siempre, y ahora esto…
¡DEFINITIVAMENTE HOY NO ERA MI DÍA DE SUERTE!
La manilla de la puerta se comenzó a mover desesperadamente. Una voz en mi cabeza me decía como burlándose “KARMA…”… Por lo menos me había acordado de ponerle seguro a la puerta.
-Está cerrada, por la chuch…- ¡Nacho, la boca!
-Señor, ese vocabulario…-. Definitivo, mi suerte salía a borbotones en este momento. El inspector Yánez me había salvado. -… ¿me explica porque está intentando abrir una sala que no es la suya?
-Disculpe, profe, es que… emmm… nosotros… es que la Momo Palacios nos pidió si es que le podíamos venir a buscar el chaleco, porque se le quedó y ella tenía campeonato de basketball, así que se lo íbamos a pasar a dejar a la casa, pero ahora nos topamos con que está cerrada y no le vamos a poder hacer el favor.- Claro, como no, si la Momo Palacios es la favorita de Yánez, perdón, del inspector, así cualquiera…
-Bueno, si era para hacerle un favor a Macarena… Les abriré la puerta, pero SOLO por esta vez…- Olviden eso de la suerte… estoy absolutamente MUERTA…
La llave hizo que el seguro girara en ciento ochenta grados hacia la izquierda.
La llave salió de su cerradura.
El inspector se retiró, depositando toda su confianza en los dos jóvenes que se encontraban del lado exterior del aula.
La perilla giró hacia la derecha, esta vez sin ningún problema, y la puerta se abrió…
-¿Javi?... -. La voz de Gabriel salió estrangulada y con miedo.
De ahí no supe nada más… sólo sé que, aún sin entender cómo, salí corriendo del aula, haciéndole el quite a ambos, o mejor dicho, empujándolos y sacándolos de mi camino, para luego correr, y correr, y correr… hasta que me vi en los jardines de la parte de atrás de los cursos más pequeños.
Me senté en la hierba, intentando analizar qué era lo que acababa de pasar allá arriba. Los pensamientos, recuerdos, frases, sentimientos y palabras se arremolinaron en mi cabeza, haciéndome sentir aún más confundida, aturdida, desorientada… aunque un sentimiento diferente comenzaba a subir desde mi estómago a mi garganta, algo que me hacia sentir muy bien, algo que me gratificaba, algo que me daba una sensación relajante y suave…Ahí estaba ese otro sentimiento, ese sentimiento que era… era amor, definitivamente. Felicidad, cariño, estima, quizás esperanza, pero por sobretodo amor…
Y luego esas palabras escaparon de mis labios…
-Le gusto a Gabriel…- Una solitaria lágrima de alegría recorrió un corto camino desde mi ojo derecho hasta mi barbilla, y de ahí hasta mi regazo.
-Lamento que hayas oído eso…- Me sobresalté al oírlo detrás de mío, no lo había sentido llegar. Estaba apoyado en el nogal que estaba a mis espaldas, con una pierna en el piso y la otra en el tronco del árbol. Sus brazos cruzados y su además cabizbajo, con lo cual ocultaba su rostro con su cabello, le daba un cierto toque entre romántico, pero al mismo tiempo nostálgico. -… Puedo entender que no sientas lo mismo, y te respeto. Mañana haremos como si nada hubiese pasado, como si tú nunca hubieses oído esa conversación, como si nunca te hubieses enterado de mis sentimientos hacia ti… No es como me hubiese gustado que te enteraras, pero ya fue.
Nos vemos Javu…- .
Siquiera había entendido las 2 primeras palabras para cuando Gabriel ya no estaba…Y cuando lo entendí, todo en mi comenzó a temblar estrepitosamente…
Me sentía aturdida, confusa y desorientada. Había sido demasiada información y demasiados acontecimientos para un solo día. Necesitaba tiempo. Tiempo para pensar, tiempo para meditar, Tiempo para asimilar, para decidir qué es lo que debía hacer de ahora en adelante.
Tomé mi mochila y mi chaqueta, y dirigí mis pasos hacia el departamento que había compartido con mis amigos. Mis 3 amigos vampiros. Aún no me hacía la idea de que aquel departamento solo nos pertenecía a Charles y a mí.
En estos momentos, la luna era mi única acompañante en aquel lúgubre escenario de penumbra, oscuridad y soledad.
******O******
Ok. Sí. Había sido una cobarde al haber faltado una semana completa al colegio, pero tenía mis razones. *Como averiguar que le gustas a tu eterno enamorado, dejar partir a 2 amigos, saber que le gustas a Gabriel Munizaga, el repentino odio de Claudia, saber que le gustas al Gabo…* … Gracias por tu aclaración, amada conciencia, pero no era necesario… aunque creo que el punto quedó bastante claro.
Cada vez se me hacía más difícil poder ocultar mi identidad, ya que, irónicamente, mi hermana que es un año menor que yo, compartía la clase de música con mi curso. Tuve que abandonar aquella clase para evitar que Florencia, mi hermanita, me reconociese y se enterase de la farsa de mi muerte y de mi inexplicable estado actual.
Además, en la carta que Amalia y Emilio habían dejado, aparte de sus largos testamentos sobre cuidar nuestro instinto, mantenernos lejos de la sangre y recordar alimentarnos de animales muy seguido, nos dejaron un consejo sobre donde buscar, o más bien un acertijo, el cual, si lo resolvíamos, nos llevaría hasta nuestro creador. Este rezaba así: “Encontraran a quien buscan en un libro de nuestra raza. La autora es una gran escritora de iniciales S.M. y es actualmente incluso comparada con la gran Rowling. Han de buscar en alguno de sus personajes a uno que tenga una descripción algo así: Un vampiro nómada aventurero; critica la actitud de una secta de los suyos sobre su verdadero objetivo, que no es impartir justicia como dicen, si no destruir el Aquelarre que él protegía; temerario y pionero, en busca de nuevos retos capaces de superar.”
En vez de ayudarnos, aquel acertijo nos había desconcertado más a Charles y a mí, pero no por eso nos dimos por vencidos.
Logramos descifrar algunas pistas: “un libro de nuestra raza” se refería a un libro que hablase sobre Vampiros. “La autora es una gran escritora de iniciales S.M. y es actualmente incluso comparada con la gran Rowling” Fácil. Stephenie Meyer. La autora de la saga de Crepúsculo.
Aquí se nos complicaba. Había 4 libros publicados y uno por publicar. Eran demasiados personajes. Decidimos que cada uno leería mínimo 10 veces cada libro, y separaríamos los personajes que nos parecieran más adecuados.
Charles leía a la mitad de rapidez que yo lo hacía, lo cual provocó que yo ya hubiese terminado las 10 veces de los 2 primeros y ya fuese por el tercero. Ya era quinta vez que leía “Eclipse” en el día, buscando alguna pista de cuál pudiese ser el nombre de la criatura que nos había transformado.
Había preferido no hacer Educación Física, ya que aún hacía demasiado calor, y nos tocaba a la última hora del lunes, por lo que le pedí a Charles que me falsificara un justificativo para evitarme una anotación y una mala nota de más. La profesora ni siquiera la leyó, solo la dejó pasar y siguió con la lista. Me dijo que me sentara en las gradas frente a la cancha de pasto, y así lo hice, llevándome mi mochila conmigo.
Iba ya por la página 514 de otra de las vueltas que le daba a Eclipse, cuando 4 de mis amigos se me acercaron: Nacho, Pablo, Álvaro y José Pedro.
-¡Hola, Javi!- saludó de forma alegre el último de los mencionados.
-Hola, chicos…- Mi respuesta fue escueta y casi sin aire. Trataba de no respirar. Llevaba una semana sin comer, y ellos, al acercarse tanto yde manera tan imprudente, no me la estaban poniendo muy fácil que digamos.
-¿Por qué esa cara, hermosa?- me preguntó Ignacio, con sus ojos dorados brillando de preocupación.
-No se preocupen, estoy perfectamente.- Intentaba dar respuestas cortas y precisas, para que su aroma no entrase en mi y me quemase la garganta, además de hacer que mis ojos se volvieran del color de la sangre y mis colmillos se prepararan para la caza.
Todos me miraron de forma sospechosa. Sabían que me pasaba algo, pero se sentían molestos porque no se los contaba.
Para cuando José Pedro quiso agregar algo, el pitido provocado por el silbato del Profesor “El Porki” Véliz, hizo saltar a mis compañeros, y volvieron corriendo a la cancha d pasto, donde recibieron un regaño a viva voz del profesor. Yo solo reí acalladamente, y me enfrasqué nuevamente en la lectura.
Pero mi tranquilidad no duró mucho. Un olor que hizo que mi garganta quemase llegó hasta mí. Sangre Humana Fresca. Estoy segura de que en mis ojos se alcanzó a ver un destello rojo, pero debía evitar que mi instinto sobrepasara a mi mente y a mis ideales. Pero llevas una semana sin alimentarte, aquel olor es un elixir que te repondrá y te hará fuerte… ¡No! Desconecté mis sentidos y enterré mi cabeza en mis piernas previamente recogidas. Pero algo no iba bien. Venga, vamos, si sabes que aquel olor te seduce y te tienta. El olor de aquel maldito y rojo brebaje de mi perdición se acercaba más y más. Era un único pero poderoso hilillo que recorría una superficie no muy extensa. Aquel mínimovolumen de sangre nublaba mis sentidos, mi conciencia, y hacía que mi parte más salvaje de mí saliese a flote, que reinase el instinto y no el sentido común.Aquello era algo que tenía, debía, necesitaba y era mi obligación detener… Déjate llevar, es sólo un trago, sólo para calmar tu sed, para ralentizar ese deseo que te consume. Piensa en lo delicioso que se sentiría que esa apetecible sangre corriese por tu garganta… ¡Basta! Es suficiente. Mi sentido común, mi parte humana era más fuerte…
Pero algo no funcionaba. El aroma se hacía más y más fuerte a cada momento. Y reconocí el efluvio especial. Levanté la cabeza y lo vi. Y confirmé mis sospechas. Era ni más ni menos de a quién menos quería ver en estos momentos: Gabriel Munizaga. De su codo corría un minúsculo pero apetecible hilillo de sangre
-Hola, Javi – Se veía cohibido y como si me estuviese saludando a la fuerza.
Corté mi respiración y dejé que mi sentido común envolviese mi instinto. Intentando no soltar la mayor parte de mi aire acumulado al responderle.
-Hola Gabo…- Su cabello negro se pegaba en su frente y en sus mejillas gracias al sudor que lo mojaba. Sus hermosos ojos azules destacaban en aquella tez oscura que le daba un toque sexy y a la vez salvaje a su anguloso rostro.
-¿Qué tal?... ¿Mejor? Digo, faltaste una semana. Te debes de haber puesto muy enferma-. En sus ojos relucía el miedo de que hubiese faltado por su culpa, por haber revelado sin querer sus sentimientos.
Gasté lo último que me quedaba de aire y le respondí.
-Tranqui, que no fue nada, solo una gripe un poco fuerte, pero no pasó de eso.-
Él solo asintió con la cabeza. Yo respiré con fuerza, intentando llenar nuevamente de aire mis pulmones y alejar aquel olor de mi mente.
Y caímos en un silencio incómodo, que duró fácilmente unos 10 minutos. Yo me preguntaba el porqué de que aún no se fuese a la cancha. Digo, es un poco extraño que estando en clase de Educación Física no lo llamasen a correr.
Y lo noté. No había nadie en la cancha. Ni en los alrededores. Al parecen estaban todos en los camarines, en las duchas o lavabos, correspondientemente.
Un suspiro a mi lado me hizo girar la cabeza en esa dirección. La voz de Gabriel sonó de una forma monótona y estrangulada.
-Javi… yo… sobre lo del lunes pasado…emmm…-
-Tranquilo, no pasa nada, fue y te prometo que este tema no volverá a salir a flote.- Es difícil mantener una máscara cuando intentas no lanzarte encima de la persona con la que mantienes una conversación.
-Sí, claro, no te preocupes, nos vemos al rato, Javiera…-
En un par de segundos se levantó de donde estaba sentado y bajó hasta el piso. Y ahí sentí que mi corazón se quebraba. Y decidí que no lo iba a dejar ir de nuevo.
-¡Gabo! ¡Gabriel, por favor espera!- Mis pies se las ingeniaron para no enredarse y evitar que cayese en mi carrera.
Él simplemente se giró con gesto cansino.
-Javi, me tengo que ir a duchar, no quiero oler a zorrillo el resto del día.-
Y lo que pasó a continuación, creo que no se lo esperaba ni él ni yo.
Lo besé de lleno en los labios. Al principio él no respondió. Parecía estupefacto, impresionado, en shock. Pero cuando se dio cuenta de la situación, cuando comprendió lo que estaba pasando, me respondió. Es decir que el argumento había dejado de ser un monólogo para convertirse en un diálogo.
Fue un beso tierno, de principiantes. Torpe y falto de pasión, pero de lleno de cariño, de fidelidad, de AMOR.
No supe cuanto nos besamos. Puede haber sido un día, un año, un segundo o toda la eternidad. Lo único que sé es que me sentí decepcionada cuando nuestros pulmones nos pidieron a gritos que les proporcionáramos lo más importante para ellos: Oxígeno.
Había olvidado por completo la necesidad de sangre que mi instinto rogaba a gritos.
Nuestras frentes chocaron y nuestras respiraciones se entrelazaron. Cuando nuestras respiraciones volvieron a su ritmo normal, Gabriel me estrechó entre sus brazos, y me susurró al oído:
-“Te amo”-
Le hubiese respondido solo, y tan solo si es que él se hubiese preocupado de no dejar reposar mi cabeza en su hombro, de forma que mis ojos pudiesen observar por sobre la piel como la sangre, aquella sangre que me llamaba a gritos, fluía por sus arterias, creando un idílico sonido para mis oídos.
Y olvidé mi nombre. Olvidé mi pasado. Olvidé mis ideales. Lo olvidé todo y solo quedó en mi mente el deseo. El deseo de beber de aquel brebaje que me llamaba. Y por primera vez, obedecí mi deseo y me dejé llevar.
Fue placentero sentir como mis colmillos se enterraban en la suave y tersa piel de el chico… ¿Cómo era que se llamaba?... Baa no importa, en estos instantes sólo me importa el sabor de este joven. Su sangre es algo amarga, pero muy sabrosa.
Venga, un trago más, que no le hará daño… Deja que su delicioso sabor recorra tu garganta y quede en tus papilas gustativas…
Cuando aquella voz resonó en mi cabeza, me di cuenta del error que acababa de cometer.
Me di cuenta del daño que acababa de hacer.
Y retiré mis colmillos del cuello de mi amado compañero y le miré, directo en sus azules orbes.
Okey... llevo exactamente... casi un mes de atraso... pero todo tiene su explicación: Primero no lo tuve a tiempo escrito, luego no tenía tiempo de publicarlo, luego me quedé sin internet ( ¬¬).. y finalmente, como guinda de la torta, me olvide de la contraseña de mi blog (que además es la de mi mail :S) ....
Pero lo prometido es deuda... y espero que, si no tengo ningún contratiempo, este publicando luego el 5º y el 6º capitulooo.. :D
Buenoo... sin más que decir, los dejo con mi historia:
"Porque dentro de una leyenda SIEMPRE hay algo de cierto"
Capítulo 4: De despedidas y declaraciones.
-¡Emilio! ¡Emilio! ¡EMILIO!- No nos escuchaba.
Mierda.
Corrimos en aquella dirección, pero era imposible alcanzarlo ante de que llegara al jugador herido.
Un borrón color gris cruzó rápidamente la cancha, y se llevó consigo a Emilio. Me costó un par de segundos comprender qué había pasado: los Lobos lo habían detenido, y se la habían llevado al sector de salto largo de la cancha. Es decir, al lugar más apartado de todo el colegio.
Esto no podía ser, de ninguna manera, bueno.
Corrimos más rápido aún, pero esta vez en dirección al sector de salto largo.
Sentí que los segundos se hacían demasiado eternos. No sé si alguien paró el tiempo o fue solo mi subconsciente, pero el camino que recorríamos en 2 minutos lo habíamos recorrido en ¿30?, ¿45?, puede que más o puede que ni siquiera lo hayamos hecho en 1 minuto. Mi subconsciente me estaba jugando malas pasadas nuevamente.
Al llegar al “punto de reunión”, nos topamos con una escena no muy linda: Emilio sujetado por Benjamín y Eduardo mientras se debatía por soltarse y volver a la caza, mientras Claudia se terminaba de colocar la camisa de Miguel encima de su ropa destrozada gracias a la repentina transformación, Javier se ponía sus pantalones, con miles de rasgaduras que era impresionante ver como no se caía hecho jirones y Daniel se revisaba una herida causada por la mordedura de Emilio.
Miguel, con su musculoso torso desnudo, se dirigió a Emilio, y de una sola bofetada lo hizo recobrar el sentido común. De pronto se desplomó, y si no es porque los Espósito lo sujetaban, se habría dado de bruces con el piso. De pronto sentí un sollozo ahogado. Provenía de Emilio. Se sentía estúpido y débil. No había podido soportar ni un día entre los humanos.
-Creo que con esta muestra de debilidad queda más que claro que ustedes no pueden estar entre las personas “normales”-. ¿Desde cuando Claudia era tan fría?
-La debilidad fue mía, no de ellos. Yo soy el que debe dirigir sus pasos hacia un nuevo territorio-. Tan pronto como el llanto había venido a él, se había ido. Ahora solo en sus ojos había tristeza, decepción de si mismo y determinación.
-No cambia la situación. Tenemos en este momento a 4 vampiros en la escuela, los cuales reconocen el olor y el sabor de la sangre humana, 2 de ellos sangres puras y nobles, y dos convertidos. Son demasiados. Y pronto vendrán más, ya que lo más seguro es que los purasangre sean fugados de sus hogares natales. No. No nos podemos exponer a que los reyes y nobles de los chupasangres se alberguen en las fronteras de nuestros territorios, dejando a su paso solo destrucción, muerte y desolación. Como princesa licántropa, me niego a ello-.
-Se equivoca en un par de cosas, "su majestad". Ni Charles ni Javiera han probado la sangre humana. Son absolutamente “vegetarianos”. Además que jamás los nobles y menos los reyes se acercarían a vuestros territorios, y no nos creas bestias sin corazón. No tomamos vidas innecesariamente. Solo las necesarias y comúnmente son personas que nos lo ruegan: enfermos, mendigos, gente suicida que nos creen sus alucinaciones. Emilio no se alimenta hace 2 semanas, es por eso que se descontroló-.
-Una cosa no quita la otra. Quiero mañana mismo nuestro territorio libre de vampiros purasangre. O simplemente “suelto a los lobos”.-
- Es decir que estás admitiendo a los vampiros convertidos en tus territorios.-
-Tú dices que jamás han probado la sangre humana. Por primera vez me fiaré de las palabras de una chupasangre. Pero será sólo hasta que se cumplan 6 meses de vuestra llegada a nuestros territorios. De no ser así, mandaré a llamar personalmente a vuestros reyes, y hasta ahí llegaran vuestras bestiales vidas.-
Esperen un momento. ¿Qué significaba todo esto? ¿Acaso Amalia y Emilio dejaban nuestra ubicación actual para dejarnos a nosotros seguros? ¿Nos protegían, yéndose? Mis palabras brotaron sin siquiera alcanzar a pensarlas.
-¿Qué? No. Me niego a todo esto. No se pueden ir. Los necesito. Con Charles los necesitamos. Por favor, no accedan. Llévennos con ustedes. ¡Por favor!-. De pronto mis lágrimas comenzaron a brotar desesperadas. Mi mente se negaba a aceptar la realidad apresurada que estábamos viviendo.
Amalia me abrazó, y me susurró: - No temas, eres fuerte. Ambos son fuertes. Lo, lograran. Con Emilio pasaremos a recoger nuestras cosas al departamento, y de paso les dejaremos una carta. No se pasen por allí hasta que el sol se haya escondido bien en el horizonte. Te quiero muchísimo, gracias por ser mi amiga. Nunca, jamás, te voy a olvidar.-
Luego me soltó y se dirigió a Charles. También lo estrechó y le susurro algo al oído. Pero no tomé mucho esa conversación en cuenta. Estaba preocupada por Emilio. Pedí que lo soltaran, y lo hicieron con tan poca delicadeza que esta vez sí cayó de bruces al suelo.
Se colocó de rodillas y me miró con una cara de arrepentimiento y de angustia que parecía 20 años más viejo. Yo solo me arrodillé frente a él y lo abracé lo más fuerte que pude. No quería que se soltara de mí. Jamás. Habíamos llegado a ser muy cercanos en estas semanas que estuvimos juntos. Lo sentía mi hermano. Me era imposible separarme de él.
Pero unas manos, de temperatura alta pero de sentimiento frío, son separaron. Miguel nos miró y nos dio a entender que no estaba para sentimentalismos. Me tragué las lágrimas que amenazaban con salir y lo miré a ambos, lo más seguro es que por última vez.
Se fueron, y no miraron en ningún momento para atrás. No querían quebrarse, o ya lo habían hecho, y no querían entristecernos, aún más, a nosotros.
Esperamos a verlos desaparecer de la cancha, los lobos se escabulleron por el pasillo aledaño al sector de salto largo, el cual llevaba a una salida “secreta” (toda la escuela superior la conocía), directa al estacionamiento. Lo más seguro es que Miguel los fuese a llevar a todos.
De pronto, me vi sola con Charles, en medio de un lugar al que nunca iba, recién despedida de mis amigos – hermanos, y con un shock muy grande.
Charles me tocó el hombro, y recién volví en mí.
-¿Javi? ¿Estás bien?-
-Sí… creo -. Mi voz salía en apenas un susurro débil. Mi subconsciente no se acostumbraba a la idea de una “vida” sin Amalia y Emilio.
-Javi, te necesito fuerte. Tengo que hacer una cosa antes de que podamos volv… - Al ver mis lágrimas al recordar que cuando volviésemos nuestros amigos no iban a estar, cambio el sentido de la frase. - Que el sol caiga.- Me miró, rogante. - ¿Puedo confiar en que te puedes quedar sola 2 horas?-. Su voz sonaba reticente y poco segura.
Ese tono de voz fue el que me despertó. Asentí, segura de mi misma, para luego darle un abrazo y un beso en la mejilla, y luego comenzar a caminar en dirección al patio. Mi máscara se mantuvo hasta que llegue a las escaleras dentro del edificio que llevaban al cuarto piso.
Las lágrimas recorrieron toda mi cara, creando un efecto dramático. La joven “hermosa”e incomprendida que llora, en las escaleras de la escuela, después de clases, mientras no queda nadie más en el recinto… solo falta que se aparezca el príncipe azul y consuele a su pequeña princesa incomprendida y despreciada…
No sé de donde saco mi suerte, pero cuando estaba pensando eso, sentí como Gabriel e Ignacio venían subiendo las escaleras.
¿Cómo supe que eran ellos? Pues cada persona tiene un aroma o efluvio diferente, y ya me había acostumbrado al de cada uno. Además que venían hablando muy fuerte y reconocí sus voces
Me puse en pie lo más rápido que pude, y corrí a encerrarme en la primera sala vacía que encontré. Si me viesen en el estado en el que estaba empezarían las preguntas incómodas.
Irónicamente me metí en la sala al lado de la nuestra, la que corresponde al curso paralelo.
¿Ironía? Mis amigos entraron en nuestra sala.
Y lo que era aún más irónico, era que desde la sala donde me encontraba oía todo lo que mis amigos se decían…
-… y ya te dije que no se lo pienso demostrar a la Javi-. Okay… esto está mal. Están hablando de mí y yo ni siquiera debería estar aquí, escuchándolo todo.
-Oh vamos, Gabo… recapacita, sabes que tienes oportunidades con la Javi… - ¿Qué?… ¡De qué rayos están hablando esos dos!...
-¡A callar! Dije que no y es ¡NO!- ¡¿A qué te niegas, pequeño demonio de mis locuras románticas adolescentes?!
-¡Basta! ¡Eres un autentico cobarde! ¿Y así quieres que la Javi te pesque?Ya no te ayudo más. Cobarde y mamón saliste. – Sentí como Ignacio se empezaba a alejar, cuando Gabriel le gritó:
-Nacho… es que quiero decirle, pero…-
-¿Pero? ¿Qué pero?- Sí, qué pero…
- ¿Y si me dice que no?- Su voz sonó con miedo… ¿A qué te diría que no? Si sabes que no me resisto a esos hoyuelos que se forman con esa sonrisa tuya de ruego…
-¡No te va decir que no! Te lo digo, ha estado coladita por ti haceaños… además… ¿Hace cuánto te gusta?- ¿Y a “esto” uno lo llama mejor amigo? ¡Eso era un secreto!... ¡Un momento!... ¿Cómo que hace cuánto le gusto a Gabriel? ¿De qué capítulo me perdí?...
-¿Desde los 12? Y antes…-
-¿Pero te atrae, te gusta, solo un atraque?… porque es mi amiga y no quiero que la lastimes… - ¡Así se habla, Nachito!.. Un momento, qué digo… ¡Yo quiero lo que venga con el Gabo!
- Tú sabes que jamás le haría daño… yo, yo, yo…- Cuando tartamudeas eres tan lindo… ¡Basta! ¡Javiera, deja de soñar y pon atención!...
Pasaron 5 minutos y Gabriel no contestaba.
- Tú, tú, tú…. “Tutútututututu…rú tuturúrututututú-ruru Tu…”- ¿Nacho que te fumaste? ¿Qué haces tarareando cumbia?
-Nachoo…- A Gabriel le salio una voz tan como… “Párala, me tiene harto que me hagas parecer el amigo de un loco”. Me lo imaginaba con una cara de “No, justo eso no”. ¡Ay, hasta en mi imaginación es tan lindo!... ¡Javiera córtala!
-“Tutútututututu…rú tuturúrututututú-ruru Tu…”… No voy a parar hasta que hables, hasta que te admitas a ti mismo lo que te pasa con la Javi… “Tutútututututu…rú tuturúrututututú-ruru Tu…”- Definitivo. Ignacio se fumo algo. Puede que haya sido neoprén… No. El neoprén no se fuma. Puede que haya sido papel… ¿Qué estoy hablando?, El papel no es alucinógeno… Entonces puede que haya sido…
-Okay, lo admito… ¡AMO A LA JAVI! ¡LA AMO DESDE QUE TENGO 12 AÑOS! ¿Feliz?…-.
“¡AMO A LA JAVI! ¡LA AMO DESDE QUE TENGO 12 AÑOS!”
Aquellas palabras aún resonaban en mi mente. Pero la otra mitad de mi cerebro se dedicaba a seguir oyendo lo que pasaba en la sala contigua. Y me avisaba que había un peligro inminentemente cerca.
Cuando oí aquella frase que salió de la boca de mi eterno enamorado, y a pesar de mis reflejos vampiros, me caí de la mesa en la que estaba apoyada para oír mejor la conversación que llevaban en la sala colindante a la mía.
El estruendo no fue menor, considerando que fue lo único que se escuchó en metros a la redonda, sin contar el diálogo que tenían Gabriel e Ignacio. Y estos, cómo no, lo oyeron e inmediatamente dejaron de hablar.
-¿Había alguien en la sala del B?- preguntó Ignacio, con un deje de preocupación en la voz.
- Que yo sepa no. Pero no me hace gracia que haya oído lo que acabo de decir.- Cof cof, más bien lo gritaste.
-Filo, deben ser los auxiliares.-
- Los auxiliares pasan a las 6. Y cuando veníamos todo estaba solo.-
-Entonces algo se cayó. En verdad. ¿A quién le gustaría estar espiando por diversión a alguien?-. No me pregunten cómo, pero yo supe su respuesta antes de que la gritaran a los cuatro vientos.
-¡LA MACA!- Macarena Izurieta, la joven más chismosa y cuentera del colegio. Todos la odiaban, ya que no sabía quedarse callada.
Sentí como las mesas se movieron rápidamente. E intuí que se dirigían hacia mi ubicación: la sala del IIº Medio B.
-Te juro que sea quién sea le rompo la cara, por entrometido y metiche.- Su voz sonó prácticamente desde la puerta de la sala enla que estaba.
Primero las clases, luego Claudia, después Emilio, y la despedida del mismo y de Amalia, para siempre, y ahora esto.
¡DEFINITIVAMENTE HOY NO ERA MI DÍA DE SUERTE!
NO ME MATEEEN! POR FAVOR!
LES ADELANTO UNA SOLA COSITA DE EL PROXIMO CAPITULO, EL TITULO: "BESO DE SANGRE"... HAGAN SUS APUESTAS SOBRE LO QUE VA A LLEGAR A PASAR EN EL PROXIMO CAPITULO, QUE TIENE QUE VER MUUUUUUUUUUUUCHO CON EL TITULO...
OS QUIERO!
*MARI...
Informo la fecha de la siguiente actualizacion de "Porqe Dentro de una Leyenda SIEMPREHay Algo de Cierto" será para el jueves 18 de marzo, en Honor al cumpleaños de mi Mejor Amiga Rosario Veas Álvarez, más conocida por aquí como Sayito, y que en el cuento representa a Romina :D ..... Bueno, nos estamos leyendo el jueves... Los amo por tenerme tanta paciencia... Angelita terrenal... más conocida como Mari
Bueno, aquí reportándome, dentro de las 48 horas de vida que me quedaban, publicando los capítulos 2 y 3. No intenten separarlos porque los fusioné, haciendo así más fácil su lectura. Y sin más palabras volubles, con ustedes, los capítulos 2 y 3 de:
"Porque dentro de una leyenda SIEMPRE hay algo de cierto"
Capítulos 2 y 3: ¿Cómo creí que nadie me reconocería? y Oh, oh... Tenemos problemas, y bastante graves
-¡Claudia! ¡Detente ahora mismo!- Un momento, aquella no era Romina, era…era Miguel, el primo-hermano de Claudia. Según mis cálculos, debía tener unos 25 años, recién graduado de profesor de Lenguaje y Literatura. Su cabello era de un extraño color castaño dorado, pero tenía los mismos ojos grises que tenía toda la familia Espósito. Y claro, también era un licántropo. Eso se notaba en su contextura: Musculoso pero delgado. Y guapo, aunque no tanto como mis compañeros de sangre fría. Claudia cerró rápidamente sus ojos, para luego abrirlos al máximo. Sus convulsiones disminuyeron bruscamente, hasta desaparecer completamente, y sus ojos en ese momento grises amarillentos, se volvieron grises plateados, su color normal. -Miguel-. Dijo en una voz prácticamente susurrante - ¿Pero que haces…?-. No le dejó terminar. La acalló con una mirada fría y calculadora. -No es este el momento ni el lugar. Por favor, Eduardo, Maximiliano, Javier, Daniel, Benjamín, suelten a estos… vampiros. No han causado ni el menor revuelo, por lo tanto no tenemos pruebas ni motivos para agredirlos.- Los 5 hermanos Espósito nos liberaron al mismo tiempo, como si fuesen uno. Gracias al Cielo y a los dioses de todas las religiones existentes, mis amigos se dieron cuenta de que estábamos en desventaja y que yo, por ningún motivo, atacaría a la que hasta hacía poco era una de mis amigas de infancia. -¡Ah! Y chicos, aquí en la escuela no soy Miguel, soy el “Sr. Espósito”. Grabense eso bien en la cabeza. No vaya a ser que los castiguen por olvidar que dentro de estas paredes soy su profesor de Literatura.- Miró a sus primos, con una cara impasible, pero con sus ojos les demostraba el cariño que no lo hacía con el rostro. Aunque sus ojos se volvieron de hielo al dirigirse hacia nosotros, pude notar la sorpresa que significó para él reconocerme, permaneciendo en las filas del enemigo, siendo de la misma raza que este. Sin más, el castaño-dorado inclinó la cabeza a modo de despedida, y se retiró, siendo seguido luego por todos los varones Espósito que quedaban, dejando solo a Claudia junto a nosotros. -Así que se te cumplió tu sueño, ¿o no Agüero?- Eso fue un golpe bajo. Y lo peor, me había reconocido. Mi cara se contrajo de dolor y pena, gracias a sus palabras. Dos segundos después tuve que detener a Charles, al cual no le importaba si era mujer, anciana o niña, el la iba a golpear de igual forma. Era demasiado impulsivo. -Si no la convertían, se moría.- ¿Ahora se dignaba a aparecer la que se hace llamar mi mejor amiga? Claudia miró en su dirección, al igual que yo, y ambas nos dimos cuenta de que no venía sola. Junto a ella venía el resto de mis amigas y mi mejor amigo: Luna, Diana e Ignacio. La ojigris miró al piso, vi como se tragaba, al parecer, las lágrimas e inspiraba hondo, para luego clavarme su mirada, fija y de hielo, en mis ojos. -Pues preferiría que estuvieses muerta.- Una única lágrima cayó por su mejilla derecha. –Hoy, después de clases, en la cancha de baby-football, para discutir su permanencia en “NUESTRO” territorio.- Y sin más, se volteó y se dirigió a las escaleras, las cuales la dirigirían directo al Gimnasio, donde se realizaba el discurso de inicio de año. No noté cuando mis ojos se humedecieron, ni cuando un sollozo ahogado salió de mi pecho, ni cuando definitivamente me eché a llorar, pero si me di cuenta que, sin importar la raza y las diferencias de estas, mis amigos me abrazaron y me apoyaron. Lloré y me desahogué un par de minutos, y me obligué a parar. Dejé de sollozar. Mis amigos, sin importar que fuesen humanos o vampiros, no merecían un primer día de clases “húmedo”. Me removí delicadamente y mis amigos no demoraron en soltarme. Me sequé las lágrimas y les agradecí con la mirada. Uno por uno. - Escúchame, porque creo que hablo por todos cuando digo esto: Seas lo que seas, vampiro, licántropa, hechicera o incluso seas la princesa de los aliens, siempre, pero SIEMPRE, vamos a estar junto a ti y te vamos a querer, pase lo que pase.- Su sonrisa y sus ojos eran tan sinceros que no pude evitar correr y abrazarlo. Ignacio tenía ese “algo” que me subía el ánimo siempre. -Gracias Nachito.- Le dije, y luego le di un beso en la mejilla. -Cof cof cof.- Reí internamente. Emilio odiaba no ser presentado. -Amalia, Charles, Emilio, ellos son Ignacio, Diana y Luna. Dian, Luna, Nacho, ellos son Amalia, Charles y Emilio. Romina ya los conoce y ustedes a ella.- Todos se estrecharon las manos. Sabía que se habían caído bien. Era imposible que se cayeran mal. Además que lo noté en sus ojos. -Nos perdimos el acto de Bienvenida, y el discurso del Director. ¡Oh, mi Dios!, Que desgracia.- No sé si fue la ironía en su voz, la mueca que era su cara de fingida pena o lo inesperado del comentario lo que hizo que no pudiésemos evitar reírnos, pero de algo estaba segura: Diana era un chiste andante. Una oleada de aplausos resonó por todo el establecimiento, indicándonos que el acto de Inicio de curso ya había acabado, y que todos los alumnos subirían en escasos segundos en tropel hasta sus salas. Nos despedimos rápido, ya que mis “nuevos amigos” entraban a cursos superiores, mientras, gracias a mi mala suerte, yo entraba a mi mismo curso, con mi mismo nombre pero con distinto apellido: en vez del original mi nombre correspondía al de Javiera Cecilia Carmín Maggi. Me metí al baño, junto con Diana, Romina y Luna, y esperamos a que ya la estampida humana fuese por la mitad para escabullirnos en su interior y así pasar desapercibidas. Okay, había llegado el momento decisivo. Ingresamos a nuestra primera clase, la cual correspondía a Historia. Nos tocaba la misma profesora que los años anteriores, o sea, mis compañeros no le prestarían ni la más mínima atención. Genial. Todos mis compañeros se encontraban en el salón, y todos conversaban entre todos. Eso me gustaba de mi curso, no había grupos marcados y que se odiasen. Cuando entramos las cuatro, y mis compañeros me vieron, se formó un silencio sepulcral, para luego dar paso a los susurros, los cuales yo tenía absolutamente claro que se referían a mi persona. Pero esto no duró mucho, gracias a uno de mis amigos. - ¡Javu! ¡Guapa! ¿Qué tal el sur?- Gabriel. Mi sapo azul al cual jamás le admitiría mi amor. Lo prefería como amigo antes que como novio frustrado. Gracias a que Gabriel me había reconocido, visto y hablado, Manuel, Pablo y Álvaro, mis otros amigos varones, de cuando era humana, dirigieron su vista hacia mí. Los saludé con una tímida sonrisa y un ademán con la mano, tomé de la mano a Romina y me la llevé hasta las mesas del fondo. Coloqué mi mochila sobre la que estaba al centro, y abrí la cremallera. Me tomó unos segundos encontrar lo que buscaba, y es que solo a mí se me ocurre guardar la llave del candado de mi casillero con una correa diminuta alrededor en el compartimiento más grande de mi mochila. Unos pocos segundos después de que ya tenía guardados mis cuadernos en mi casillero, y había sacado lo correspondiente a nuestra primer clase, llegó la profesora.
~*~······O······~*~
Al terminar el día, eran incontables las veces que me preguntaron el porqué de que yo había cambiado mi apellido, porqué estaba tan pálida, porqué conocía a aquellos guapos chicos mayores, porqué, porqué, porqué, porqué… Y, aunque ni yo ni mis compañeros lo quisieran, llegó el fin del día escolar. Y con ello, la junta con los licántropos. Claudia no me había sacado la vista de encima. Me odiaba. Odiaba la atención que se dirigía hacia mí y no hacia ella. Odiaba que de un día para otro pasara de ser un patito feo a un hermoso cisne. Pero sobretodo odiaba que me hubiese convertido en la raza que es su peor enemiga. Un olor a sudor y a una tela porosa, junto a una mezcla de sangre llegó a mis fosas nasales. Oh, oh… Hoy había práctica. Y teníamos 2 problemas casi minúsculos… Emilio no había bebido sangre hacía 2 semanas y uno de los jugadores se había rasgado, literalmente, la pierna, y esta chorreaba sangre. Estoy segura que nuestros ojos se volvieron de un intenso color rojo… color sangre…pero lo que seguía no lo vi venir… -Emilio, por favor, contrólate.- Emilio trataba de no respirar, pero sabía que su garganta, al igual que la de todos nosotros, quemaba. Pero para él era aún más terrible, era cómo si le pusieran acero derretido a 1000 ºC en las paredes de la garganta. -Emilio…- Amalia estaba igual de preocupada que yo. -…- Cuando no recibimos respuesta, giré mi cabeza en la dirección donde hacia unos microsegundos estaba parado. Pero ya no estaba. Cuando miré hacia el frente, lo vi. Emilio estaba corriendo en dirección del jugador herido. Su instinto había ganado. -¡Emilio! ¡Emilio! ¡EMILIO!- No nos escuchaba. Mierda.