Pero lo prometido es deuda... y espero que, si no tengo ningún contratiempo, este publicando luego el 5º y el 6º capitulooo.. :D
Buenoo... sin más que decir, los dejo con mi historia:
-¡Emilio! ¡Emilio! ¡EMILIO!- No nos escuchaba.
Mierda.
Corrimos en aquella dirección, pero era imposible alcanzarlo ante de que llegara al jugador herido.
Un borrón color gris cruzó rápidamente la cancha, y se llevó consigo a Emilio. Me costó un par de segundos comprender qué había pasado: los Lobos lo habían detenido, y se la habían llevado al sector de salto largo de la cancha. Es decir, al lugar más apartado de todo el colegio.
Esto no podía ser, de ninguna manera, bueno.
Corrimos más rápido aún, pero esta vez en dirección al sector de salto largo.
Sentí que los segundos se hacían demasiado eternos. No sé si alguien paró el tiempo o fue solo mi subconsciente, pero el camino que recorríamos en 2 minutos lo habíamos recorrido en ¿30?, ¿45?, puede que más o puede que ni siquiera lo hayamos hecho en 1 minuto. Mi subconsciente me estaba jugando malas pasadas nuevamente.
Al llegar al “punto de reunión”, nos topamos con una escena no muy linda: Emilio sujetado por Benjamín y Eduardo mientras se debatía por soltarse y volver a la caza, mientras Claudia se terminaba de colocar la camisa de Miguel encima de su ropa destrozada gracias a la repentina transformación, Javier se ponía sus pantalones, con miles de rasgaduras que era impresionante ver como no se caía hecho jirones y Daniel se revisaba una herida causada por la mordedura de Emilio.
Miguel, con su musculoso torso desnudo, se dirigió a Emilio, y de una sola bofetada lo hizo recobrar el sentido común. De pronto se desplomó, y si no es porque los Espósito lo sujetaban, se habría dado de bruces con el piso. De pronto sentí un sollozo ahogado. Provenía de Emilio. Se sentía estúpido y débil. No había podido soportar ni un día entre los humanos.
-Creo que con esta muestra de debilidad queda más que claro que ustedes no pueden estar entre las personas “normales”-. ¿Desde cuando Claudia era tan fría?
-La debilidad fue mía, no de ellos. Yo soy el que debe dirigir sus pasos hacia un nuevo territorio-. Tan pronto como el llanto había venido a él, se había ido. Ahora solo en sus ojos había tristeza, decepción de si mismo y determinación.
-No cambia la situación. Tenemos en este momento a 4 vampiros en la escuela, los cuales reconocen el olor y el sabor de la sangre humana, 2 de ellos sangres puras y nobles, y dos convertidos. Son demasiados. Y pronto vendrán más, ya que lo más seguro es que los purasangre sean fugados de sus hogares natales. No. No nos podemos exponer a que los reyes y nobles de los chupasangres se alberguen en las fronteras de nuestros territorios, dejando a su paso solo destrucción, muerte y desolación. Como princesa licántropa, me niego a ello-.
-Se equivoca en un par de cosas, "su majestad". Ni Charles ni Javiera han probado la sangre humana. Son absolutamente “vegetarianos”. Además que jamás los nobles y menos los reyes se acercarían a vuestros territorios, y no nos creas bestias sin corazón. No tomamos vidas innecesariamente. Solo las necesarias y comúnmente son personas que nos lo ruegan: enfermos, mendigos, gente suicida que nos creen sus alucinaciones. Emilio no se alimenta hace 2 semanas, es por eso que se descontroló-.
-Una cosa no quita la otra. Quiero mañana mismo nuestro territorio libre de vampiros purasangre. O simplemente “suelto a los lobos”.-
- Es decir que estás admitiendo a los vampiros convertidos en tus territorios.-
-Tú dices que jamás han probado la sangre humana. Por primera vez me fiaré de las palabras de una chupasangre. Pero será sólo hasta que se cumplan 6 meses de vuestra llegada a nuestros territorios. De no ser así, mandaré a llamar personalmente a vuestros reyes, y hasta ahí llegaran vuestras bestiales vidas.-
Esperen un momento. ¿Qué significaba todo esto? ¿Acaso Amalia y Emilio dejaban nuestra ubicación actual para dejarnos a nosotros seguros? ¿Nos protegían, yéndose? Mis palabras brotaron sin siquiera alcanzar a pensarlas.
-¿Qué? No. Me niego a todo esto. No se pueden ir. Los necesito. Con Charles los necesitamos. Por favor, no accedan. Llévennos con ustedes. ¡Por favor!-. De pronto mis lágrimas comenzaron a brotar desesperadas. Mi mente se negaba a aceptar la realidad apresurada que estábamos viviendo.
Amalia me abrazó, y me susurró: - No temas, eres fuerte. Ambos son fuertes. Lo, lograran. Con Emilio pasaremos a recoger nuestras cosas al departamento, y de paso les dejaremos una carta. No se pasen por allí hasta que el sol se haya escondido bien en el horizonte. Te quiero muchísimo, gracias por ser mi amiga. Nunca, jamás, te voy a olvidar.-
Luego me soltó y se dirigió a Charles. También lo estrechó y le susurro algo al oído. Pero no tomé mucho esa conversación en cuenta. Estaba preocupada por Emilio. Pedí que lo soltaran, y lo hicieron con tan poca delicadeza que esta vez sí cayó de bruces al suelo.
Se colocó de rodillas y me miró con una cara de arrepentimiento y de angustia que parecía 20 años más viejo. Yo solo me arrodillé frente a él y lo abracé lo más fuerte que pude. No quería que se soltara de mí. Jamás. Habíamos llegado a ser muy cercanos en estas semanas que estuvimos juntos. Lo sentía mi hermano. Me era imposible separarme de él.
Pero unas manos, de temperatura alta pero de sentimiento frío, son separaron. Miguel nos miró y nos dio a entender que no estaba para sentimentalismos. Me tragué las lágrimas que amenazaban con salir y lo miré a ambos, lo más seguro es que por última vez.
Se fueron, y no miraron en ningún momento para atrás. No querían quebrarse, o ya lo habían hecho, y no querían entristecernos, aún más, a nosotros.
Esperamos a verlos desaparecer de la cancha, los lobos se escabulleron por el pasillo aledaño al sector de salto largo, el cual llevaba a una salida “secreta” (toda la escuela superior la conocía), directa al estacionamiento. Lo más seguro es que Miguel los fuese a llevar a todos.
De pronto, me vi sola con Charles, en medio de un lugar al que nunca iba, recién despedida de mis amigos – hermanos, y con un shock muy grande.
Charles me tocó el hombro, y recién volví en mí.
-¿Javi? ¿Estás bien?-
-Sí… creo -. Mi voz salía en apenas un susurro débil. Mi subconsciente no se acostumbraba a la idea de una “vida” sin Amalia y Emilio.
-Javi, te necesito fuerte. Tengo que hacer una cosa antes de que podamos volv… - Al ver mis lágrimas al recordar que cuando volviésemos nuestros amigos no iban a estar, cambio el sentido de la frase. - Que el sol caiga.- Me miró, rogante. - ¿Puedo confiar en que te puedes quedar sola 2 horas?-. Su voz sonaba reticente y poco segura.
Ese tono de voz fue el que me despertó. Asentí, segura de mi misma, para luego darle un abrazo y un beso en la mejilla, y luego comenzar a caminar en dirección al patio. Mi máscara se mantuvo hasta que llegue a las escaleras dentro del edificio que llevaban al cuarto piso.
Las lágrimas recorrieron toda mi cara, creando un efecto dramático. La joven “hermosa” e incomprendida que llora, en las escaleras de la escuela, después de clases, mientras no queda nadie más en el recinto… solo falta que se aparezca el príncipe azul y consuele a su pequeña princesa incomprendida y despreciada…
No sé de donde saco mi suerte, pero cuando estaba pensando eso, sentí como Gabriel e Ignacio venían subiendo las escaleras.
¿Cómo supe que eran ellos? Pues cada persona tiene un aroma o efluvio diferente, y ya me había acostumbrado al de cada uno. Además que venían hablando muy fuerte y reconocí sus voces
Me puse en pie lo más rápido que pude, y corrí a encerrarme en la primera sala vacía que encontré. Si me viesen en el estado en el que estaba empezarían las preguntas incómodas.
Irónicamente me metí en la sala al lado de la nuestra, la que corresponde al curso paralelo.
¿Ironía? Mis amigos entraron en nuestra sala.
Y lo que era aún más irónico, era que desde la sala donde me encontraba oía todo lo que mis amigos se decían…
-… y ya te dije que no se lo pienso demostrar a la Javi-. Okay… esto está mal. Están hablando de mí y yo ni siquiera debería estar aquí, escuchándolo todo.
-Oh vamos, Gabo… recapacita, sabes que tienes oportunidades con la Javi… - ¿Qué?… ¡De qué rayos están hablando esos dos!...
-¡A callar! Dije que no y es ¡NO!- ¡¿A qué te niegas, pequeño demonio de mis locuras románticas adolescentes?!
-¡Basta! ¡Eres un autentico cobarde! ¿Y así quieres que la Javi te pesque? Ya no te ayudo más. Cobarde y mamón saliste. – Sentí como Ignacio se empezaba a alejar, cuando Gabriel le gritó:
-Nacho… es que quiero decirle, pero…-
-¿Pero? ¿Qué pero?- Sí, qué pero…
- ¿Y si me dice que no?- Su voz sonó con miedo… ¿A qué te diría que no? Si sabes que no me resisto a esos hoyuelos que se forman con esa sonrisa tuya de ruego…
-¡No te va decir que no! Te lo digo, ha estado coladita por ti hace años… además… ¿Hace cuánto te gusta?- ¿Y a “esto” uno lo llama mejor amigo? ¡Eso era un secreto!... ¡Un momento!... ¿Cómo que hace cuánto le gusto a Gabriel? ¿De qué capítulo me perdí?...
-¿Desde los 12? Y antes…-
-¿Pero te atrae, te gusta, solo un atraque?… porque es mi amiga y no quiero que la lastimes… - ¡Así se habla, Nachito!.. Un momento, qué digo… ¡Yo quiero lo que venga con el Gabo!
- Tú sabes que jamás le haría daño… yo, yo, yo…- Cuando tartamudeas eres tan lindo… ¡Basta! ¡Javiera, deja de soñar y pon atención!...
Pasaron 5 minutos y Gabriel no contestaba.
- Tú, tú, tú…. “Tutútututututu…rú tuturúrututututú-ruru Tu…”- ¿Nacho que te fumaste? ¿Qué haces tarareando cumbia?
-Nachoo…- A Gabriel le salio una voz tan como… “Párala, me tiene harto que me hagas parecer el amigo de un loco”. Me lo imaginaba con una cara de “No, justo eso no”. ¡Ay, hasta en mi imaginación es tan lindo!... ¡Javiera córtala!
-“Tutútututututu…rú tuturúrututututú-ruru Tu…”… No voy a parar hasta que hables, hasta que te admitas a ti mismo lo que te pasa con la Javi… “Tutútututututu…rú tuturúrututututú-ruru Tu…”- Definitivo. Ignacio se fumo algo. Puede que haya sido neoprén… No. El neoprén no se fuma. Puede que haya sido papel… ¿Qué estoy hablando?, El papel no es alucinógeno… Entonces puede que haya sido…
-Okay, lo admito… ¡AMO A LA JAVI! ¡LA AMO DESDE QUE TENGO 12 AÑOS! ¿Feliz?…-.
“¡AMO A LA JAVI! ¡LA AMO DESDE QUE TENGO 12 AÑOS!”
Aquellas palabras aún resonaban en mi mente. Pero la otra mitad de mi cerebro se dedicaba a seguir oyendo lo que pasaba en la sala contigua. Y me avisaba que había un peligro inminentemente cerca.
Cuando oí aquella frase que salió de la boca de mi eterno enamorado, y a pesar de mis reflejos vampiros, me caí de la mesa en la que estaba apoyada para oír mejor la conversación que llevaban en la sala colindante a la mía.
El estruendo no fue menor, considerando que fue lo único que se escuchó en metros a la redonda, sin contar el diálogo que tenían Gabriel e Ignacio. Y estos, cómo no, lo oyeron e inmediatamente dejaron de hablar.
-¿Había alguien en la sala del B?- preguntó Ignacio, con un deje de preocupación en la voz.
- Que yo sepa no. Pero no me hace gracia que haya oído lo que acabo de decir.- Cof cof, más bien lo gritaste.
-Filo, deben ser los auxiliares.-
- Los auxiliares pasan a las 6. Y cuando veníamos todo estaba solo.-
-Entonces algo se cayó. En verdad. ¿A quién le gustaría estar espiando por diversión a alguien?-. No me pregunten cómo, pero yo supe su respuesta antes de que la gritaran a los cuatro vientos.
-¡LA MACA!- Macarena Izurieta, la joven más chismosa y cuentera del colegio. Todos la odiaban, ya que no sabía quedarse callada.
Sentí como las mesas se movieron rápidamente. E intuí que se dirigían hacia mi ubicación: la sala del IIº Medio B.
-Te juro que sea quién sea le rompo la cara, por entrometido y metiche.- Su voz sonó prácticamente desde la puerta de la sala en la que estaba.
Primero las clases, luego Claudia, después Emilio, y la despedida del mismo y de Amalia, para siempre, y ahora esto.
¡DEFINITIVAMENTE HOY NO ERA MI DÍA DE SUERTE!
LES ADELANTO UNA SOLA COSITA DE EL PROXIMO CAPITULO, EL TITULO: "BESO DE SANGRE"... HAGAN SUS APUESTAS SOBRE LO QUE VA A LLEGAR A PASAR EN EL PROXIMO CAPITULO, QUE TIENE QUE VER MUUUUUUUUUUUUCHO CON EL TITULO...
OS QUIERO!
*MARI...